lunes, 24 de octubre de 2016

"Género No" [Dos Anas hablan sobre eso el Género Gramatical]

–¿Y de qué habéis hablado tanto rato en la peña?
–Es un poco largo de contar. Pero si nos sentamos aquí otro rato...
–Y, en vez del vermú con anchoa que ponen en ese pueblo, nos lleno unos vasos con la última botella de champán de saúco, si te parece, y saco unas patatillas.
–Humm: gracias; sí. Ahora, sin los amigos que me hicieron hablar tanto, no va a ser igual; pero si te da curiosidad...
–Sí que me da una poca. Y ya te tiro yo de la lengua, que para eso cualquiera vale. ¿Es que te hicieron alguna pregunta?
–Sí: me preguntaron sobre… Era casi una consulta técnica.
–¿Técnica a tí?
–Bueno, es que era sobre cosas de lenguaje; y sobre eso (aparte de que cualquiera puede responder si se deja pensar un poco sobre lo que sabe sin darse cuenta manejar) ya sabes que, también gracias a lo que nos hicieron sufrir en la escuela los libros de teXto y los profesores que te los repetían como loros y luego   humillaban a cualquiera por una falta de ortografía o de ortodoxia, he pensado y hasta estudiado bastante; y que al cabo encontré buenos maestros, de ésos que no se lo inventan, como decías tú cuando te quejabas en clase.
–Porque decían de la lengua cosas que la lengua no dice, que se las inventaban ellos –sus autoridades, vamos. Si se limitaran a decir lo que la lengua dice, no escandalizarían a las niñas.
–Eso. Y salió la cuestión de que a muchos les ha dado por empeñarse en que la concordancia en masculino plural con que la economía del lenguaje resuelve casos como “Señoras y señores: son ustedes muy feos” es un agravio para las mujeres, un reflejo de la opresión de siglos bajo el poder masculino y patriarcal, y que la forma “masculina” las escluye.
–Pero, en ese caso, por ejemplo, ¿cómo podrían sentirse escluídas las señoras?
–No sé cómo. El caso es que se han puesto a corregirlo y ya hasta escriben novelas diciendo “Quedaron todos y todas en silencio” y cosas así.
–Y se saltan la economía que decías. Otros hay que escriben con arrobas o con equis, y a la hora de leer aquello, como no se puede, pues eligen decir -a o, si no, eligen decir y escribir -e, como en un panfleto que encontré una vez, lleno de cosas como “nuestres abogades y compañeres”, de Madrid, eh?, no de Asturias.
–Sí: eso es lo que les pasa, que eligen donde no hacía falta. El malentendido arranca de la escritura, claro, de la escuela, donde nos han confundido malamente: han hecho creer a muchos, por ejemplo, que la diferencia de género de la gramática de esta lengua y de otras, lo que llaman en las escuelas M/F, es lo mismo, ni más ni menos, que la especificación que pide el DNI, M/V; o sea que nos han hecho tragar sin pensar que Género Masculino significa  hombre o macho /Género Femenino significa mujer o hembra. 
Digo sin pensar, porque, en cuanto se piensa, ya se ve que eso del género M/F, al ser una categoría obligatoria para cuantos nombres entren en el vocabulario (jirafas, rinocerontes, sierras, martillos…), no puede ya depender de esos significados o identificaciones obligatorias para los individuos contados de la familia, sino que es ya un mecanismo de la lógica, un EL UNO/ELOTRO, o sea un mecanismo elemental de la máquina del lenguaje, que funda y a veces anula la oposición. Dentro de lo heterogéneo del vocabulario, este mecanismo del género tiene usos tan diversos como distinguir charcas de charcos, cerezas de cerezos y gorras de gorros, además de viejas de viejos, críos de crías y sirve sobre todo, con la concordancia, para la sintaxis. Esto está claro para cualquier hablante, que no tiene por qué hacerse más idea de la cosa.
– Y si en el colegio nos los hubieran nombrado como género -O y género -A, por ejemplo, nos habríamos ahorrado seguramente esa dichosa confusión sexual.
–O general.
–Es que los teóricos del feminismo (como cultos criados en la enseñanza escolar) tuvieron la mala idea, allá en los Estadísticos Unidos –creo–, de fijarse en la palabra gender para referirse a la diferencia sexual, la primera división de clases que funda las sociedades, con la que arranca la desgraciada Historia. Y eso que, como cultos, debían saber que eso del género no en todas las lenguas, ni mucho menos, depende, como en las nuestras, de los pronombres personales de 3ª de singular (he/she, lo único que la mantiene ya en inglés), que en muchas otras no tiene nada que ver, como el género que en muchas lenguas africanas, por ejemplo, divide los nombres en más de 4 clases, sin nada parecido a M/F, y eso no hace menos patriarcales a las sociedades en que se hablan. Se ve que no querían decir sex, por los líos con las cuestiones del amor, que parece que querían tratar aparte (como si se pudiera), pero eso de ponerse a decir ‘género’ les hizo empezar a mirar con sospecha el inocente juego del género gramatical, tan útil para la sintaxis…
–Y concluyeron que ahí tenemos el meollo de la culpa y el pecado de Adán, y que, para resarcirlo, hay que corregir el habla y decir todos y todas,  feos y feas, o decir solamente todas o she en todos los casos, como si por una decisión personal pudiera cambiarse de repente el término no marcado, o como si, cada vez que se oye todas las presas, hubiera que sobreentender las personas, cosa que no puede hacerse si no se dice antes (que supongo que será necesario si se quiere distinguir de otras criaturas presas, como perros en perreras o gallinas en granjas). Hasta ahí y más puede llegar el empeño en corregirse por creer que el género -O “significa” masculino, hombre y nada más que hombre, y que por tanto no debe usarse allí donde hay hombres y mujeres.
–Semejante error!
–Y con esa idea se han puesto por encima del lenguaje, que, en lo impersonal de su maquinaria, nos sacaba de verdad de la Familia, y ya no quieren entender lo que cualquiera entiende: que, cuando no se quiere o no se puede marcar la oposición masc./fem., la forma del masculino plural sirve para representar a AMBOS CON LA OPOSICIÓN ENTRE AMBOS ANULADA, es decir, que no hace distinción, precisamente entonces no discrimina.  
– Claro: no hay problema en decir “que los niños y las niñas jueguen juntos”. Lo que no se puede consentir es que alguien sostenga que “los niños y las niñas tienen que jugar separados”. Si hay que denunciar o atacar algo será algo que se diga, no la lengua con que se dice, que ella no tiene la culpa de las ideas que los que mandan quieren imponer. Además vale la pena aprender de la lengua cómo se ahorra a veces mantener sus propias diferencias: no es ninguna ley dura la suya. ¿Es por economía, una economía buena en la que no manda el dinero ni la ley del amo, ni hay ‘todo’ ni ‘nunca’ ni ‘siempre’ que valga?
–Bueno… la lengua tiene a menudo en marcha mecanismos para saltarse sus propias categorías y oposiciones: una vez que el verbo indica QUIÉN, hay un mecanismo que sirve para no decir QUIÉN, para saltarse la categoría de Persona, lo que se llama Impersonal (como en “se habló” o “me han dicho” o “cuentan”); la oposición M/N distingue 'cama' de 'cana', pero ante consonante o en final de palabra ya no se mantiene y no hay manera de distinguir 'envidia' de 'emvidia' o 'atún' de 'atúm' como dos palabras diferentes: en la anulación de una oposición de este tipo, que los gramáticos llaman privativa por estar uno de los dos términos simplemente privado de una marca que distingue al otro, es el término no marcado el que queda como representante de la base común a ambos, el punto de indiferencia (lo que los lingüistas llaman Archifonema –en el caso de N/M, será el carente del rasgo diferenciador, o sea N, que, por cierto, es lo que todos los chicos tienden a escribir en esos casos (“canpo” como “canto”), antes de que les impongan las tontas reglas ortográficas); y algo análogo sucede con la diferencia entre los dos géneros de nuestra lengua, como revela precisamente la concordancia en plural: cuando hay que saltársela, aparece la forma en -os como la carente de marca (“el gato y la gata son blancos”, “los que no creemos que las leyes sean necesarias para convivir…”), lo que implica que es la forma en -as la que lleva la marca positiva. Es un mecanismo simple y funciona sin problemas a la hora de hablar, sin que nadie tenga que pararse a pensarlo.
–Ya: automáticamente. Lo que me quedo yo pensando es que ¿a quién le hace falta estar recordando a cada paso que somos hombres y mujeres?
Por ahí escuece. ¿A quién le sirve la división social en 2 sexos, sometedor y sometido, que conoce la historia y está en el origen de lo que luego sería el género de nuestras lenguas (en los pronombres de tercera persona, distinguiendo por ejemplo al amo del ama, que aún se llaman esus y esa en latín arcaico, erus/era en el latín posterior, en la diferencia he/she, único resto ya en inglés, aplicado también a animales de interés económico como she-goat, nanny-goat/he-goat, billy-goat)? ¿Será que al someter a la gente a su servicio, les toca a los criados distinguir los mandatos o caprichos del señor de los de la señora? Aún en no sé qué obra de Cervantes la criada llama Ella al ama. Pero, ese empeño en identificarse como señoras o señores o posesiones suyas, a la hora de entendernos hablando la gente, sobra ¿no?
–Eso: ¿a quién le hace falta?
–A mí no me hace ninguna; es más: me repatea que me recuerden esa condena. Pero sospecho que le interesa a Uno que nos cuenta como un padre que dijera “hijos e hijas míos y mías” o, bueno, “hijos míos e hijas mías”.
–Ya: que le interesa a Dios, al que pretende tenernos a todos conocidos, el Sumo Observador. Para eso dice en su libro que los creó mujer y varón y tal en cuanto hizo la Semana.
–Parece de lo más paternalista y patriarcal ¿no?
–Y tanto, como el Estado que nos cuenta y numera por igual como Personas para que le votemos. Pero no se lo digas a los que intentan hablar o al menos escriben ajustándose a alguna ley “de trato igualitario”, que ellos creen que así están atacando una forma de machismo, o por lo menos se las dan de no-machistas.
–Sobre todo se las dan, sí, de paladines de los derechos de la Mujer (Trabajadora, claro) o de enemigos del patriarcado, porque en el Estado no patriarcal del Futuro que piensan conseguir así... En fin: yo qué sé qué pueden estar pensando. Acaban usándolo como un símbolo, como quien saca una bandera. No se ve que disminuya ninguno de los abusos que el poder ordena a los hombres contra las mujeres. 
–Cómo van a disminuír, si éste es uno más: para mujer, la lengua materna, que es lo que está oprimido  desde que hay leyes escritas en lenguas oficiales y al lado de cada general un ministro de Cultura, Ciencia y Deporte que, sin parar, manda hacer exámenes, experimentos, ejercicio. Y que en nada cambia la cosa –ya lo hemos visto– porque una mujer se haga ministro o soldado. ¡Como si no pudiéramos ser otra cosa que lo que la Sociedad mande y salirnos de una maldita vez de la triste historia o película de víctimas y verdugos que nos cuentan una y otra vez sin dejar entender nada de lo que ocurre!
-Que ni tú ni yo podemos reducirnos a súbdito ni a súbdita de su Ley sin padecer en lo más vivo y perder la gracia del hablar desmandado. Sí, que no nos hagan pasar como natural, física o verdadera la condición de individuo personal con su sexo correspondiente, que no nos la impongan, es lo mínimo que se puede pedir a la gente que hable contra el Poder: que no imite a los medios educativos o publicitarios, que son los que lo hacen.
-Y que hagan lo que quieran las personas concienciadas, pero no van a evitar que a la gente (ahí donde no somos ni hombres ni mujeres, ni niños ni viejos, donde estamos tú y yo oyendo-hablando la lengua, que en ningún idioma distingue yo masculino de yo femenino) le suene ridícula y con razón esa insistencia; y si no se ríe muy alto, es porque el asunto ha tenido cierto éxito. Hay que arrostrar la acusación de machista para el que se atiene al uso de su lengua materna, que no sabía nada, la pobre analfabeta, de su degradante sumisión y machismo congénito. El caso es no dejarse hablar nunca sin miedo a alguna censura, sin tener encima a un corrector de estilo. Tanta presunción como para pretender corregir el lenguaje de la gente y cargar de conciencia el hablar…
–Ignorando sus más simples mecanismos, que no responden a las ideas que los adultos se hacen sobre ellos pero que los entiende un niño. Aunque no quieran, con eso se ponen del lado de la Autoridad, de los que mandan porque dicen que van con los Tiempos. El que manda es el que informa las conciencias, el que impone su educación y su saber, o sea su propia fe en La Realidad, contra el entendimiento libre, y peligroso por tanto para él, de los niños, de la gente.  A la gente le dicen que es que habla mal y le cargan de ideas y miedos, que no se atreva a preguntar “¿qué?”.
–Y que el Poder, para disimular, se ha vuelto feminista (¿cómo no va a asimilar también eso?: preocupado por la Mujer y por el Medio Ambiente, como debe para progresar, o sea, mantenerse. Él siempre quiso Ser Justo): ¿no has visto esos carteles de la Capital que dicen Madrid necesita más feminismo?; o será que algunos feministas han querido reformar el Poder, o sea, que lo reconocen como un mal necesario o inevitable y todo el rollo, y están reivindicando el reconocimiento del Padre (o sea de las autoridades educativas y del Yo aislado de cada individuo/a) para conseguir ese progreso que consiste en que seamos al fin todos y todas, cada uno uno/a (tú que eras yo separada de mí, como dos yoes, en guerra o en paz sometidas a esa mentira que nos deja sujetas a este sufrimiento que llaman libertad propia y no es libertad ninguna, no, sino obediencia al propio engaño –y por eso no puede casi ni decirse en alto), y en consecuencia digamos “nosotras y nosotros” o viceversa, y cuidado con equivocarte.
–Que ya se convierte en un sufrimiento público si resulta algo tan sagrado que no puede nadie rechistar, como en misa, ni denunciarlo como la vanidad y la equivocación que es. Pero ¿qué tendrá que ver el imperio del Hombre que pisó la Luna y ya está pisando Marte en el Futuro mientras pisotea lo que le da la gana la madre tierra para hacerle que produzca sólo el Dinero que Él necesita, negando su riqueza, qué tendrán que ver los líos y sufrimientos de hombres y mujeres bajo las banderas de sus estúpidas naciones, ésas que primero ejércitos de hombres y últimamente ejércitos de trabajadores/as (¿dónde tus hijos y tus bestezuelas, madre?) defienden y sostienen con su carne y sangre, con un simple mecanismo gramatical, prácticamente inhumano, ya que ningún hombre lo ha creado ni lo maneja ni puede de verdad mandar sobre él, por más que se esfuerce, gracias a que la lengua no es de nadie, y sólo por eso es común y para cualquiera?
–Nada: no tiene que ver nada. Y es sangrante que se equivoque lo uno por lo otro. ¡Malditos sean todos los -ismos!, que, en cuanto se costituye uno, parece que lo que importa es defender un símbolo y cargarse la lucha de la lengua y la gente común contra el poder y las jergas de los representantes del poder, periodistas, literatos, científicos, académicos, pedantes de todo pelaje. Bueno, ésa no se la van a cargar nunca, que aquí estamos tú y yo hablando, sin necesidad de llamarnos nada.
Pero eso que dices del sufrimiento público sí que lo reconozco: ¿cómo se puede aguantar oír a todas horas el diagnóstico del Régimen, “violencia de género”, cada vez que salta uno de los crímenes ocultos bajo ‘el Amor’ y ‘la Familia’, que reinan tan campantes, más que nunca desde que han superado hasta la necesidad de diferencia sexual de la Pareja, pero sobre todo desde que la violencia resulta ser “de género”?
–Como si se produjese por ser de género distinto una pistola y un cuchillo o un hombre y una mujer en esta lengua.
–Ya ves: a eso suena. Y con esos rodeos y rebozamientos, las istituciones, que están fundadas en la violencia y la mentira y que sólo con mentira y violencia se mantienen, se salen todas de rositas. Ahí tienes el truco: colarle a la gente denominaciones e ideas que confunden y disfrazan los problemas de verdad, que impiden entender hasta el punto de quedarnos tan tontos que ya sólo sabemos protestar contra lo que ellos nos dicen: contra la falta de “polideportivos” en los pueblos y no contra el Deporte (militarismo encubierto, negocio fenomenal), contra el “desempleo” y no contra el Trabajo-Diversión que Estado y Capital imponen, contra el “terrorismo” y no contra la locura mortífera del poder de todo Estado, contra la “violencia de género” y no contra la tiranía del Amor o de la Familia, contra el “sexismo del lenguaje” y no contra la tiranía insoportable de ideas como la de Dios y todos sus representantes: astracciones ideales que se imponen sobre nosotras las cosas vivas, llámense el Dinero o el Hombre o el Ser humano o la Humanidad o la Persona o Uno mismo o la Mujer o la Tercera edad...
–Y que con ellas todo se reduce a números.
–Sí, y a jugar a la lotería toditos y toditas, que la vida es una tómbola.
–Ay, que nos la han vendido.
–Ay, que nos la están vendiendo. ¡Ay!
 
–Oye, Ana: y ¿qué hacemos con los amigos que ahora mismo se encuentran leyendo y quizá hasta escribiendo esforzándose por ajustar el habla cotidiana a cosas así como las que criticábamos?   
–Pues mira: mándales esta conversación misma a la revista (aquí ha quedado grabada en el chisme) y que la trascriban si quieren, a ver si les da por quedarse un rato pensando con nosotras en contra de esa equivocación en la que hasta gente luchadora y bienintencionada ha caído, con las prisas. Y si pueden también reírse un poco de lo fácil que se nos puede hacer creer cosas que no son, tanto mejor.
–Sí. Reírse un poco de los títeres del régimen, da igual si está una misma entre ellos, y caiga quien caiga nunca está de más: no vayamos a creernos personas respetables.
–No, Ana: eso no. Demasiado hacemos por ahí personalmente el ridículo.
–Como dicen por ahí: es lo que hay.
–Es lo que hay, ¡tu padre! Echa un poco más de eso tan rico, y brindemos por que viva al menos el buen humor.
–El buen humor que nace del desengaño: ¡que viva! Ya seguiremos hablando, si nos preguntan algo más.

Ana del Campo

con Ana de la Fuente

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