lunes, 24 de octubre de 2016

"Género No" [Dos Anas hablan sobre eso el Género Gramatical]

–¿Y de qué habéis hablado tanto rato en la peña?
–Es un poco largo de contar. Pero si nos sentamos aquí otro rato...
–Y, en vez del vermú con anchoa que ponen en ese pueblo, nos lleno unos vasos con la última botella de champán de saúco, si te parece, y saco unas patatillas.
–Humm: gracias; sí. Ahora, sin los amigos que me hicieron hablar tanto, no va a ser igual; pero si te da curiosidad...
–Sí que me da una poca. Y ya te tiro yo de la lengua, que para eso cualquiera vale. ¿Es que te hicieron alguna pregunta?
–Sí: me preguntaron sobre… Era casi una consulta técnica.
–¿Técnica a tí?
–Bueno, es que era sobre cosas de lenguaje; y sobre eso (aparte de que cualquiera puede responder si se deja pensar un poco sobre lo que sabe sin darse cuenta manejar) ya sabes que, también gracias a lo que nos hicieron sufrir en la escuela los libros de teXto y los profesores que te los repetían como loros y luego   humillaban a cualquiera por una falta de ortografía o de ortodoxia, he pensado y hasta estudiado bastante; y que al cabo encontré buenos maestros, de ésos que no se lo inventan, como decías tú cuando te quejabas en clase.
–Porque decían de la lengua cosas que la lengua no dice, que se las inventaban ellos –sus autoridades, vamos. Si se limitaran a decir lo que la lengua dice, no escandalizarían a las niñas.
–Eso. Y salió la cuestión de que a muchos les ha dado por empeñarse en que la concordancia en masculino plural con que la economía del lenguaje resuelve casos como “Señoras y señores: son ustedes muy feos” es un agravio para las mujeres, un reflejo de la opresión de siglos bajo el poder masculino y patriarcal, y que la forma “masculina” las escluye.
–Pero, en ese caso, por ejemplo, ¿cómo podrían sentirse escluídas las señoras?
–No sé cómo. El caso es que se han puesto a corregirlo y ya hasta escriben novelas diciendo “Quedaron todos y todas en silencio” y cosas así.
–Y se saltan la economía que decías. Otros hay que escriben con arrobas o con equis, y a la hora de leer aquello, como no se puede, pues eligen decir -a o, si no, eligen decir y escribir -e, como en un panfleto que encontré una vez, lleno de cosas como “nuestres abogades y compañeres”, de Madrid, eh?, no de Asturias.
–Sí: eso es lo que les pasa, que eligen donde no hacía falta. El malentendido arranca de la escritura, claro, de la escuela, donde nos han confundido malamente: han hecho creer a muchos, por ejemplo, que la diferencia de género de la gramática de esta lengua y de otras, lo que llaman en las escuelas M/F, es lo mismo, ni más ni menos, que la especificación que pide el DNI, M/V; o sea que nos han hecho tragar sin pensar que Género Masculino significa  hombre o macho /Género Femenino significa mujer o hembra. 
Digo sin pensar, porque, en cuanto se piensa, ya se ve que eso del género M/F, al ser una categoría obligatoria para cuantos nombres entren en el vocabulario (jirafas, rinocerontes, sierras, martillos…), no puede ya depender de esos significados o identificaciones obligatorias para los individuos contados de la familia, sino que es ya un mecanismo de la lógica, un EL UNO/ELOTRO, o sea un mecanismo elemental de la máquina del lenguaje, que funda y a veces anula la oposición. Dentro de lo heterogéneo del vocabulario, este mecanismo del género tiene usos tan diversos como distinguir charcas de charcos, cerezas de cerezos y gorras de gorros, además de viejas de viejos, críos de crías y sirve sobre todo, con la concordancia, para la sintaxis. Esto está claro para cualquier hablante, que no tiene por qué hacerse más idea de la cosa.
– Y si en el colegio nos los hubieran nombrado como género -O y género -A, por ejemplo, nos habríamos ahorrado seguramente esa dichosa confusión sexual.
–O general.
–Es que los teóricos del feminismo (como cultos criados en la enseñanza escolar) tuvieron la mala idea, allá en los Estadísticos Unidos –creo–, de fijarse en la palabra gender para referirse a la diferencia sexual, la primera división de clases que funda las sociedades, con la que arranca la desgraciada Historia. Y eso que, como cultos, debían saber que eso del género no en todas las lenguas, ni mucho menos, depende, como en las nuestras, de los pronombres personales de 3ª de singular (he/she, lo único que la mantiene ya en inglés), que en muchas otras no tiene nada que ver, como el género que en muchas lenguas africanas, por ejemplo, divide los nombres en más de 4 clases, sin nada parecido a M/F, y eso no hace menos patriarcales a las sociedades en que se hablan. Se ve que no querían decir sex, por los líos con las cuestiones del amor, que parece que querían tratar aparte (como si se pudiera), pero eso de ponerse a decir ‘género’ les hizo empezar a mirar con sospecha el inocente juego del género gramatical, tan útil para la sintaxis…
–Y concluyeron que ahí tenemos el meollo de la culpa y el pecado de Adán, y que, para resarcirlo, hay que corregir el habla y decir todos y todas,  feos y feas, o decir solamente todas o she en todos los casos, como si por una decisión personal pudiera cambiarse de repente el término no marcado, o como si, cada vez que se oye todas las presas, hubiera que sobreentender las personas, cosa que no puede hacerse si no se dice antes (que supongo que será necesario si se quiere distinguir de otras criaturas presas, como perros en perreras o gallinas en granjas). Hasta ahí y más puede llegar el empeño en corregirse por creer que el género -O “significa” masculino, hombre y nada más que hombre, y que por tanto no debe usarse allí donde hay hombres y mujeres.
–Semejante error!
–Y con esa idea se han puesto por encima del lenguaje, que, en lo impersonal de su maquinaria, nos sacaba de verdad de la Familia, y ya no quieren entender lo que cualquiera entiende: que, cuando no se quiere o no se puede marcar la oposición masc./fem., la forma del masculino plural sirve para representar a AMBOS CON LA OPOSICIÓN ENTRE AMBOS ANULADA, es decir, que no hace distinción, precisamente entonces no discrimina.  
– Claro: no hay problema en decir “que los niños y las niñas jueguen juntos”. Lo que no se puede consentir es que alguien sostenga que “los niños y las niñas tienen que jugar separados”. Si hay que denunciar o atacar algo será algo que se diga, no la lengua con que se dice, que ella no tiene la culpa de las ideas que los que mandan quieren imponer. Además vale la pena aprender de la lengua cómo se ahorra a veces mantener sus propias diferencias: no es ninguna ley dura la suya. ¿Es por economía, una economía buena en la que no manda el dinero ni la ley del amo, ni hay ‘todo’ ni ‘nunca’ ni ‘siempre’ que valga?
–Bueno… la lengua tiene a menudo en marcha mecanismos para saltarse sus propias categorías y oposiciones: una vez que el verbo indica QUIÉN, hay un mecanismo que sirve para no decir QUIÉN, para saltarse la categoría de Persona, lo que se llama Impersonal (como en “se habló” o “me han dicho” o “cuentan”); la oposición M/N distingue 'cama' de 'cana', pero ante consonante o en final de palabra ya no se mantiene y no hay manera de distinguir 'envidia' de 'emvidia' o 'atún' de 'atúm' como dos palabras diferentes: en la anulación de una oposición de este tipo, que los gramáticos llaman privativa por estar uno de los dos términos simplemente privado de una marca que distingue al otro, es el término no marcado el que queda como representante de la base común a ambos, el punto de indiferencia (lo que los lingüistas llaman Archifonema –en el caso de N/M, será el carente del rasgo diferenciador, o sea N, que, por cierto, es lo que todos los chicos tienden a escribir en esos casos (“canpo” como “canto”), antes de que les impongan las tontas reglas ortográficas); y algo análogo sucede con la diferencia entre los dos géneros de nuestra lengua, como revela precisamente la concordancia en plural: cuando hay que saltársela, aparece la forma en -os como la carente de marca (“el gato y la gata son blancos”, “los que no creemos que las leyes sean necesarias para convivir…”), lo que implica que es la forma en -as la que lleva la marca positiva. Es un mecanismo simple y funciona sin problemas a la hora de hablar, sin que nadie tenga que pararse a pensarlo.
–Ya: automáticamente. Lo que me quedo yo pensando es que ¿a quién le hace falta estar recordando a cada paso que somos hombres y mujeres?
Por ahí escuece. ¿A quién le sirve la división social en 2 sexos, sometedor y sometido, que conoce la historia y está en el origen de lo que luego sería el género de nuestras lenguas (en los pronombres de tercera persona, distinguiendo por ejemplo al amo del ama, que aún se llaman esus y esa en latín arcaico, erus/era en el latín posterior, en la diferencia he/she, único resto ya en inglés, aplicado también a animales de interés económico como she-goat, nanny-goat/he-goat, billy-goat)? ¿Será que al someter a la gente a su servicio, les toca a los criados distinguir los mandatos o caprichos del señor de los de la señora? Aún en no sé qué obra de Cervantes la criada llama Ella al ama. Pero, ese empeño en identificarse como señoras o señores o posesiones suyas, a la hora de entendernos hablando la gente, sobra ¿no?
–Eso: ¿a quién le hace falta?
–A mí no me hace ninguna; es más: me repatea que me recuerden esa condena. Pero sospecho que le interesa a Uno que nos cuenta como un padre que dijera “hijos e hijas míos y mías” o, bueno, “hijos míos e hijas mías”.
–Ya: que le interesa a Dios, al que pretende tenernos a todos conocidos, el Sumo Observador. Para eso dice en su libro que los creó mujer y varón y tal en cuanto hizo la Semana.
–Parece de lo más paternalista y patriarcal ¿no?
–Y tanto, como el Estado que nos cuenta y numera por igual como Personas para que le votemos. Pero no se lo digas a los que intentan hablar o al menos escriben ajustándose a alguna ley “de trato igualitario”, que ellos creen que así están atacando una forma de machismo, o por lo menos se las dan de no-machistas.
–Sobre todo se las dan, sí, de paladines de los derechos de la Mujer (Trabajadora, claro) o de enemigos del patriarcado, porque en el Estado no patriarcal del Futuro que piensan conseguir así... En fin: yo qué sé qué pueden estar pensando. Acaban usándolo como un símbolo, como quien saca una bandera. No se ve que disminuya ninguno de los abusos que el poder ordena a los hombres contra las mujeres. 
–Cómo van a disminuír, si éste es uno más: para mujer, la lengua materna, que es lo que está oprimido  desde que hay leyes escritas en lenguas oficiales y al lado de cada general un ministro de Cultura, Ciencia y Deporte que, sin parar, manda hacer exámenes, experimentos, ejercicio. Y que en nada cambia la cosa –ya lo hemos visto– porque una mujer se haga ministro o soldado. ¡Como si no pudiéramos ser otra cosa que lo que la Sociedad mande y salirnos de una maldita vez de la triste historia o película de víctimas y verdugos que nos cuentan una y otra vez sin dejar entender nada de lo que ocurre!
-Que ni tú ni yo podemos reducirnos a súbdito ni a súbdita de su Ley sin padecer en lo más vivo y perder la gracia del hablar desmandado. Sí, que no nos hagan pasar como natural, física o verdadera la condición de individuo personal con su sexo correspondiente, que no nos la impongan, es lo mínimo que se puede pedir a la gente que hable contra el Poder: que no imite a los medios educativos o publicitarios, que son los que lo hacen.
-Y que hagan lo que quieran las personas concienciadas, pero no van a evitar que a la gente (ahí donde no somos ni hombres ni mujeres, ni niños ni viejos, donde estamos tú y yo oyendo-hablando la lengua, que en ningún idioma distingue yo masculino de yo femenino) le suene ridícula y con razón esa insistencia; y si no se ríe muy alto, es porque el asunto ha tenido cierto éxito. Hay que arrostrar la acusación de machista para el que se atiene al uso de su lengua materna, que no sabía nada, la pobre analfabeta, de su degradante sumisión y machismo congénito. El caso es no dejarse hablar nunca sin miedo a alguna censura, sin tener encima a un corrector de estilo. Tanta presunción como para pretender corregir el lenguaje de la gente y cargar de conciencia el hablar…
–Ignorando sus más simples mecanismos, que no responden a las ideas que los adultos se hacen sobre ellos pero que los entiende un niño. Aunque no quieran, con eso se ponen del lado de la Autoridad, de los que mandan porque dicen que van con los Tiempos. El que manda es el que informa las conciencias, el que impone su educación y su saber, o sea su propia fe en La Realidad, contra el entendimiento libre, y peligroso por tanto para él, de los niños, de la gente.  A la gente le dicen que es que habla mal y le cargan de ideas y miedos, que no se atreva a preguntar “¿qué?”.
–Y que el Poder, para disimular, se ha vuelto feminista (¿cómo no va a asimilar también eso?: preocupado por la Mujer y por el Medio Ambiente, como debe para progresar, o sea, mantenerse. Él siempre quiso Ser Justo): ¿no has visto esos carteles de la Capital que dicen Madrid necesita más feminismo?; o será que algunos feministas han querido reformar el Poder, o sea, que lo reconocen como un mal necesario o inevitable y todo el rollo, y están reivindicando el reconocimiento del Padre (o sea de las autoridades educativas y del Yo aislado de cada individuo/a) para conseguir ese progreso que consiste en que seamos al fin todos y todas, cada uno uno/a (tú que eras yo separada de mí, como dos yoes, en guerra o en paz sometidas a esa mentira que nos deja sujetas a este sufrimiento que llaman libertad propia y no es libertad ninguna, no, sino obediencia al propio engaño –y por eso no puede casi ni decirse en alto), y en consecuencia digamos “nosotras y nosotros” o viceversa, y cuidado con equivocarte.
–Que ya se convierte en un sufrimiento público si resulta algo tan sagrado que no puede nadie rechistar, como en misa, ni denunciarlo como la vanidad y la equivocación que es. Pero ¿qué tendrá que ver el imperio del Hombre que pisó la Luna y ya está pisando Marte en el Futuro mientras pisotea lo que le da la gana la madre tierra para hacerle que produzca sólo el Dinero que Él necesita, negando su riqueza, qué tendrán que ver los líos y sufrimientos de hombres y mujeres bajo las banderas de sus estúpidas naciones, ésas que primero ejércitos de hombres y últimamente ejércitos de trabajadores/as (¿dónde tus hijos y tus bestezuelas, madre?) defienden y sostienen con su carne y sangre, con un simple mecanismo gramatical, prácticamente inhumano, ya que ningún hombre lo ha creado ni lo maneja ni puede de verdad mandar sobre él, por más que se esfuerce, gracias a que la lengua no es de nadie, y sólo por eso es común y para cualquiera?
–Nada: no tiene que ver nada. Y es sangrante que se equivoque lo uno por lo otro. ¡Malditos sean todos los -ismos!, que, en cuanto se costituye uno, parece que lo que importa es defender un símbolo y cargarse la lucha de la lengua y la gente común contra el poder y las jergas de los representantes del poder, periodistas, literatos, científicos, académicos, pedantes de todo pelaje. Bueno, ésa no se la van a cargar nunca, que aquí estamos tú y yo hablando, sin necesidad de llamarnos nada.
Pero eso que dices del sufrimiento público sí que lo reconozco: ¿cómo se puede aguantar oír a todas horas el diagnóstico del Régimen, “violencia de género”, cada vez que salta uno de los crímenes ocultos bajo ‘el Amor’ y ‘la Familia’, que reinan tan campantes, más que nunca desde que han superado hasta la necesidad de diferencia sexual de la Pareja, pero sobre todo desde que la violencia resulta ser “de género”?
–Como si se produjese por ser de género distinto una pistola y un cuchillo o un hombre y una mujer en esta lengua.
–Ya ves: a eso suena. Y con esos rodeos y rebozamientos, las istituciones, que están fundadas en la violencia y la mentira y que sólo con mentira y violencia se mantienen, se salen todas de rositas. Ahí tienes el truco: colarle a la gente denominaciones e ideas que confunden y disfrazan los problemas de verdad, que impiden entender hasta el punto de quedarnos tan tontos que ya sólo sabemos protestar contra lo que ellos nos dicen: contra la falta de “polideportivos” en los pueblos y no contra el Deporte (militarismo encubierto, negocio fenomenal), contra el “desempleo” y no contra el Trabajo-Diversión que Estado y Capital imponen, contra el “terrorismo” y no contra la locura mortífera del poder de todo Estado, contra la “violencia de género” y no contra la tiranía del Amor o de la Familia, contra el “sexismo del lenguaje” y no contra la tiranía insoportable de ideas como la de Dios y todos sus representantes: astracciones ideales que se imponen sobre nosotras las cosas vivas, llámense el Dinero o el Hombre o el Ser humano o la Humanidad o la Persona o Uno mismo o la Mujer o la Tercera edad...
–Y que con ellas todo se reduce a números.
–Sí, y a jugar a la lotería toditos y toditas, que la vida es una tómbola.
–Ay, que nos la han vendido.
–Ay, que nos la están vendiendo. ¡Ay!
 
–Oye, Ana: y ¿qué hacemos con los amigos que ahora mismo se encuentran leyendo y quizá hasta escribiendo esforzándose por ajustar el habla cotidiana a cosas así como las que criticábamos?   
–Pues mira: mándales esta conversación misma a la revista (aquí ha quedado grabada en el chisme) y que la trascriban si quieren, a ver si les da por quedarse un rato pensando con nosotras en contra de esa equivocación en la que hasta gente luchadora y bienintencionada ha caído, con las prisas. Y si pueden también reírse un poco de lo fácil que se nos puede hacer creer cosas que no son, tanto mejor.
–Sí. Reírse un poco de los títeres del régimen, da igual si está una misma entre ellos, y caiga quien caiga nunca está de más: no vayamos a creernos personas respetables.
–No, Ana: eso no. Demasiado hacemos por ahí personalmente el ridículo.
–Como dicen por ahí: es lo que hay.
–Es lo que hay, ¡tu padre! Echa un poco más de eso tan rico, y brindemos por que viva al menos el buen humor.
–El buen humor que nace del desengaño: ¡que viva! Ya seguiremos hablando, si nos preguntan algo más.

Ana del Campo

con Ana de la Fuente

domingo, 15 de febrero de 2015

A la Belli

¿Qué es el Estado? Impuestos, Estadística,
Carné de Identidad, de Hacienda y gloria
de estadio, Educación Obligatoria,
fronteras y carrera armamentística;

papeles para todos, leyes, mística,
la población tras de la zanahoria
de la Ilusión futura, triste Historia,
Familia y Redes Automovilísticas.

Pero, ah, que es una Idea muy querida,
porque, sin Él, el caos, la mala vida.
"¿Cuál es la alternativa?" gritan todos,

"¿a quién vais a nombrar Rey de los memos?"
Tú aprende a responder con buenos modos:
"que nos dejen en paz, y ya veremos."

sábado, 10 de enero de 2015

Los trabajos del Yo



   A la miserable onfaloscopia en que cada día más se van encenagando las relaciones públicas sociales de los hombres en general nos referimos, relaciones en que las relaciones mismas se erigen prácticamente en único asunto a tratar y con qué traficar, único asunto que cotidianamente vuelve a dar motivo a su reproducción, al par que los propios sujetos - en perpetua ansiedad de conocer, evaluar, mejorar, celar o confirmar cada día sus "posicionamientos", opiniones e ideas relativos y de seguir y vigilar la fluctuación de cada personal valor en la bolsa de las personalidades- se convierten en objeto esclusivo de tales relaciones. De ahí que el saber chismes - y, consiguientemente, disponer de fuentes- es hoy el elemento decisivo para valerse en sociedad, ya que tal mercancía gregaria o personal en torno a los sujetos y sujetas y sus relaciones es el único objeto intercambiable y comercializable en semejante tráfico social circulatorio y autorrealimentado. Círculo centrípeto donde el onfaloscopio individual de cada Yo se reproduce, reenfoca y reorganiza hacia el común ombligo de los Yos plurales, de los grupos, de los grupos de grupos, hasta llegar a presuntas identidades étnicas, como ombligos mayores que convocan en torno suyo, en mucho más poderosos remolinos de succión, la rotación centrípeta de nuevos y más vastos circuitos onfaloscópicos.
   Por otra parte, la tan traída y llevada unidad, concretamente al referirla a los hombres, es decir, la que une a los hombres como hombres, ha de estar caracterizada por la condición de éstos; cuando le falta esa caracterización permanece astracta respecto de ellos, y es una referencia puramente mecánica; cuando tiene esa caracterización, se llama amistad. Unidad sin amistad es algo esterior y mecánico respecto de los hombres, lo que quiere decir que no los une como hombres, sino como cosas; no es más que una arbitrariedad reificadora, una astracción forzosa y deprimente.
  Pero lanzarse a este ataque contra los nacionalismos más pequeños y contra sus hermanos mayores con la lanceta de sangrar desenvainada y el cauterio al rojo, puede llegar a ser no sólo ineficaz sino hasta contraproducente. Pues ¡dígaselo usted a quien se encuentra poseído por la pasión! Predicar una nueva Fe entre practicantes de un viejo culto animista, tibio y desgastado puede ser un propósito con esperanza de éxito, pero proponer el escepticismo y el agnosticismo entre gentes entusiasmadas y enfervorizadas con sus propios  dioses  patrios, no sólo parece idea desesperada, sino tal vez también el  mejor modo de atizar el fuego, ya que para la llama de la creencia no hay mejor leña que el hostigamiento, porque permite inflamarse a los creyentes en eso que suele llamarse santa indignación. Todas las religiones y creencias tienden a reclamar para sí mismas el derecho a que se las respete, y esto no tanto ni necesariamente por prepotencia absolutista, sino por la razón, tan peculiar, de que el creyente se identifica y confunde con su creencia hasta tal punto que tomará por violación de un derecho personal y sentirá como ofensa a su persona misma cualquier posible falta de respeto a su creencia.                   
   Otras armas mucho más fuertes harían falta contra el mito que las del optimismo desmitificador de un estrecho racionalismo economicista que pretende luchar contra el mito simplemente negando su poder real incluso en el pasado, y cuya manifestación historiográfica es suprimir, por anecdótica, la narración de las batallas. Entre tanto, han logrado que la racionalidad utilitaria se vuelva la ideología enmascaradora de los antiguos demonios renacientes. Pero mientras la estrella del Yo no desaparezca del horizonte humano, la batalla seguirá siendo el acontecimiento histórico por escelencia, el hecho capital en la vida de los hombres y los pueblos.
  Es preciso otorgar todo su peso a la evidencia de que la patria es rigurosamente un Yo, y el más desaforado y prepotente de todos ellos. Siendo la patria, y a menudo incluso la revolución, esencialmente un Yo, y siendo el sentimiento patriótico o irredentista un impulso esencialmente autoafirmativo, no hay una aproximación meramente metafórica, sino completamente real en asimilar el terrorismo al deporte y en reconocerle los rasgos generales de ese capítulo de actividades humanas que podría llamarse los Trabajos del Yo. Y Niké, la victoria, se reirá infinitamente de la mala gracia, de la poca malicia, la ninguna agudeza, las míseras artes, desvirtuados hechizos e inhábiles poderes de Venus Afrodita para la seducción de los humanos, para los cuales una sola ondulación de un pliegue de la orla del vestido en la levísima brisa levantada por el paso flotante de Niké tiene todo el arrebato de una tempestad infinitamente más irresistible que lo que la entera belleza de Afrodita, ofrecida en el máximo esplendor de las espumas marinas que la entregaron a la playa, soñó jamás en provocar. 

[R.S. Ferlosio]

lunes, 7 de abril de 2014

La voz de la rebelión



LA VOZ DE LA REBELIÓN os pide, le pide a la gente, un esfuerzo para salir de la confusión y poder así negarse a tolerar por más tiempo los engaños del régimen del dinero. Si se trata de la necesidad de los puestos de trabajo, hay que preguntar lo primero ¿para quién son necesarios? En Madrid asistimos todos los días a un espectáculo que es una caricatura reveladora de lo que es la famosa Creación de Puestos de Trabajo: cualquiera que pasee por las calles céntricas puede ver esas estatuas humanas, disfrazadas y pintarrajeadas de las maneras más variopintas, que están ahí paradas delante de los comercios, cada cual en su puesto, dedicadas a ganarse su jornal (no hacen otra cosa). La gente tenemos que aguantar, en el  metro, por las calles, vernos a diario unos a otros como criaturas necesitadas del vil metal en todo momento, sólo sujetas por el miedo a decir lo que ningún órgano de poder permite decir a sus mil locutores, porque hay que ser realistas (¿qué será eso?): “¡muerte al Dinero!”.

Preguntad a cualquiera: esto nos está matando de pena y de vergüenza. Es de verdad horroroso oír a todas horas las reclamaciones de más y más dinero, un poquito por aquí, otro por allá, lo mismo por fuera que por dentro, porque cada uno está fabricado por la misma necesidad de dinero y las voces de fuera suenan también dentro. Como dice la publicidad de los “especialistas en ti”: “porque tú lo vales”. “¡Trabajar, trabajar!” dicen voces airadas  “¡trabajar en lo que sea!” También pedir limosna es un trabajo, claro; también buscar trabajo; también estudiar, “formarse”; también reivindicar a lo alto más puestos de trabajo, siempre la eterna cantilena “Soy un padre de familia…”.

¿Para qué? Estamos llenos de trabajos agotadores y sin sentido: la inmensa mayoría. Las cosas que hay que hacer, las que podrían hacerse con afición porque son útiles, convertidas en trabajo asalariado, sujetas a la organización del Capital, sus estados y empresas, se hacen cada vez peor, cuando no se abandonan y se echan a perder. Nos tienen dedicados a una producción insensata de chismes inútiles, de productos estúpidos  del “marketing”, basura plastificada, de rollos y proyectos delirantes. Y la otra cara del asunto es que luego hay que divertirse a todo trapo comprando todo eso y consumiendo sin parar lo que nos venden y a contentarse cada cual con ejercer el poder adquisitivo que le haya tocado en la feria de vanidades. ¡Basta ya! No nacen niños para servir a sus tristes empleos: ¡abajo el Estado y el Capital! No más futuro para este régimen de la Prostitución Universal.

Como no se puede tratar de esto ni en la familia ni con los amigotes ni con reclamaciones a los que sólo quieren de nosotros que sigamos tragando ilusiones y entretenidos con sus informaciones, habrá que juntarse en asambleas donde ya no reine el interés privado y el miedo de cada uno y se pueda hablar contra tanta mentira. Hablar es hacer. Hay una huelga que es previa a cualquier otra: consiste en negarse a aceptar lo que no es verdad. ¡Que suene la voz de la rebelión!


Como decía aquella pintada: 


¡NO OS CREMOS, POLITICASTROS!



A la gente del corro de las asambleas...

A la gente del corro de las asambleas va este recuerdo
de algo que de estos encuentros me queda bullendo
que por salones o plazas en público vamos teniendo
más y más gente, y da igual que seamos más número o menos:
no es sólo el rato que nos encontramos a hablar, es que luego
se queda una a solas con la impresión de que se le ha abierto
más grande la grieta de su soledad, por donde el intento
de no vivir más separados para lo que mande el dinero
sigue hurgándote ahí y te hace reconocerlo:
tú no eras una, así mande la ley que obliga a saberlo,
y no era tampoco verdad la realidad, sino eso:
que hay más que no sabes (y cuánto!) y vale más no saberlo,
sentirlo cómo te deshace tu fe en que no hay más cuento,
que sabes en dónde estás y quién eres y qué estás haciendo.
Y no es tanto el asunto que en cada asamblea se trate, los medios
o modos que vamos pensando de hacer que caiga el gobierno:
es más el sentido que tiene el seguir hablando lo bueno,
que ni sabes dónde te puede llevar o traer, pero es cierto
que te hace vivir de alguna manera, que sigue escociendo
la herida que, en esto de hacernos reales y satisfechos
con ser cada cual el que dice su nombre y que hay que creerlo
más que si fuera el catecismo mismo, tenemos
abierta y sangrando al aire en la piel y no puede por menos
de hacerte decir que no, que no me lo creo y que siento
que siguen abiertas posibilidades sin fin de no serlo
o cada vez menos y más deshacerse en mil y un encuentros
y hacer cualquier cosa que diga que no y no sabemos:

hay algo que quiere vivir sin fronteras ni ley ni dinero.

martes, 1 de octubre de 2013

COMUNICADO URGENTE A PROPÓSITO DE LA ENSEÑANZA DE LA ESCRITURA ...



COMUNICADO URGENTE DE LA ASAMBLEA DE PONTEJOS (ACAMPADA-SOL-POLÍTICA A-LARGO-PLAZO), EN COLABORACIÓN CON LA COMUNA SIN NOMBRES, A PROPÓSITO DE LA ENSEÑANZA DE LA ESCRITURA CON DESTINO A PROFESORES QUE SIENTAN ALGUNA REBELDÍA CONTRA LOS PLANES DE LO ALTO Y DE AMOR POR SUS ALUMNOS

Decíamos en la última asamblea que éste era tal vez el modo más adecuado de atacar la obediente idiotez y la incapacidad de rebelión que nos imponen, por ejemplo, mediante eso llamado "el Sistema educativo":  si son capaces algunos profesores de reconocer con los alumnos, ante los alumnos, poniéndose de su parte a favor de la inteligencia común del lenguaje, que las normas de Ortografía que nos dicta la Cultura, que es donde está el Poder, arrebatan a la gente el don de escribir como se habla, lo que con el uso de las letras se le daba, y que es por ahí claramente, por la escritura, por  donde comienzan las leyes a fastidiar la vida (la de la gente que apenas empezaba a hablar) con el pretesto de ordenarla desde un centro, allá en lo alto, donde todo se divisa, idealmente, y se maneja para hacer Dinero. Así que de esto toca hablar en clase, si es que quiere hacerse algo...

No podemos hacernos idea si no lo ponemos en práctica, de hasta qué punto puede esto resucitar en chicos y grandes la inteligencia viva a la vez de la lengua y la política.

Se trata de esta simpleza: reconocer que no hay ningún motivo para no escribir "vaso" igual que "beso", "jitano" igual que "jirafa" más que el capricho y la pedantería de esas normas (los manuales de la Academia y los libros de estilo de tanto éxito de ventas, todo ello incorporado obedientemente en el ordenadorcito personal que nos han colocado) que mandan escribir con dos letras distintas lo que en la lengua verdadera, la hablada, no es más que un mismo fonema; reconocer que esto lo padecemos todos en común bajo la arrogante Autoridad de la norma ortográfica oficial, pedante hasta decir basta, que costantemente nos manda corregir donde no había por qué (es ella la causante de las faltas) y castigar al infractor, hasta humillar cualquier inteligencia. Si hay que enseñar las normas, que sea a plena conciencia de que no son razonables, de que traicionan a la lengua, que no nos dejan escribir como se habla,

que no hay razón gramatical que pida escribir como m ante p o b  (imperio, ambición) pero n ante v y f (envidia, infame) lo que es un mismo archifonema resultado de la neutralización de la oposición de las nasales (que se representa bien por el término no marcado de dicha oposición, o sea, N, lo que cualquier crío escribe en estos casos de fin de sílaba o palabra -"álbun", "delfín"-, antes de que esas reglas perviertan su genuino istinto gramatical), cosa que bien nos enseñó a ver el príncipe Trubetzkoy, hoy desterrado de todas las academias;

que no hay ningún error en escribir "estraño" igual que "estrépito", y que sólo por miedo a la autoridad (y a la vez reconocimiento de la falta de motivos lingüísticos de sus normas) podemos encontrar escritos (y acaso hasta pronunciados!) mostruos como "expléndido", que revelan que se nos ha obligado a meter la conciencia personal (o sea, como el psicoanálisis puso al descubierto, ese mismo miedo a la autoridad y sus castigos) donde no la llamaban. Porque es que no hay de verdad en la lengua hablada, en ninguna de las varias formas en que el español se habla, grupos de tres consonantes más allá de aquellos en que la última es una líquida, L o R ("anplio" "antro"), así que no hay más que escribir trasporte lo mismo que aspecto, o testo lo mismo que resto (a diferencia de flexo o nexo, donde no pasa eso), porque así se dicen esas palabras cuando se habla sin prevención (como la que doma las lenguas de esos actores, cantantes o locutores concienciados o también profesores pedantes que tratan de pronunciar las letras de la ortografía, que no sabe nada de la lengua; pero podéis reíros  cuando les oigáis pronunciar eKSTraño), sin miedo de que "costa" en "me costa" no vaya a distinguirse por escrito de "en la costa valenciana", como tampoco se distinguen -y da igual- "basta" (de bastar) de "basta" (bastorra). Al menos a esta pequeña reforma ortográfica nos atenemos en este mismo escrito (y ya es liberación, aunque sea poco). ¿Se va entendiendo la cosa? ¿Os escandalizáis, profesorcillos?

Contra la Autoridad de la norma ortográfica oficial que separa cruelmente a los profesores encargados de imponerla de los alumnos obligados a acatarla sin posibilidad de crítica alguna, proponemos una rebelión en las aulas que consistiría en razonar en cada caso en qué consiste la arbitrariedad de esa norma, única responsable de las famosas "faltas de ortografía" que, bien por incorrección bien por hipercorrección, se "cometen" al escribir. ¡Abajo la creencia de que escribir bien es obedecer las reglas de la Ortografía de turno! ése es nuestro grito. Y también ¡Fuera los que creen que hablar bien es pronunciar todas las letras que escribir nos manden! A ver si por una vez aprovechamos en favor de los alumnos lo que al menos en las universidades aún se nos enseñaba o se encuentra, si no, en algunos libros. Por más ejemplos:

-que " desde que el español oficial perdió el fonema H (que algunos dialectos mantienen hasta casi hoy en uso, cuando dicen "hambre", "hondo" o "ahogar"), los doctos del XVII o ya académicos del XVIII quedaban con las manos libres para jugar con la letra h y mandar que lo que en castellano se venía escribiendo omre o aver se escribiera hombre y haber, en vista de que en latín (como doctos que eran, sabían su poquito de latín) se había escrito homine y habere;

-una vez que en castellano se hubo anulado la oposición de fonemas que hacía distinguir en la escritura lo que en la lengua se distinguía, cavar (o, lo que era lo mismo, cauar) y lavor, pero caber y sabor, las letras b y v (cuando en el XVIII acabó de distinguirse de u) quedaban abandonadas a las decisiones de los cultos, que ordenarían escribir boca o hierba, no por nada, sino porque en latín eran bucca o herba, pero vaca o cuervo, porque en latín habían sido uacca y coruo, y los imperfectos de la 1ª, que durante siglos habían sido en castellano y se habían escrito con ava, cuando ya la distinción de las letras b/v no respondía a nada en la lengua, mandarían que se escribieran con aba, porque así se escribían en latín."  [sacado del artículo Ortografía, el País, 21 de Enero, 2001. ¡Mil gracias, Agustín, por escribirlo!]

-que no hay ningún error en escribir, por mera fidelidad a nuestro oído gramatical, "tres mas tres" sin signo de acento en "mas", que es átono en ese uso, a diferencia del "más" de "piden más"; o en ponerlo en "a tí" lo mismo que en "a mí", como debe ser; o en distinguir según ese mismo sentido común, sin necesidad de saber norma ninguna, cuándo se dice "aun" átono y cuándo "aún" tónico.

-que podemos reírnos de la insipiencia y la torpeza de esos cultillos dictadores de nuevas normas ortográficas cuando proponen (y logran imponerlo a los editores sumisos que quieran pasar su censura) escribir "rió" o "guió" sin acento, según la norma ya vieja para los monosílabos como "dio", porque ni se han dado cuenta de que sólo lo serían en todo caso para una parte reducida de los hispano-hablantes de América (pero sus leyes han de ser urbi et orbe) y quizá sólo como mera variante elocutiva, no en todos los casos. [v. a ver]

-que hay que dar la razón al alumno si le ha salido escribir junto "amicasa" o "decolores" en lugar de burlarnos de él (o llamarlo disléxico o cualquier cosa) y esplicarle la cosa: el uso normal del blanco de escritura deja bastante que desear (arbitrariamente manda, por ejemplo, escribir juntos los enclíticos "dame" y "danos" o el arcaico "dábale" o "húndase", pero separados los proclíticos "me da", "nos da" y "se hunda") y había una manera de hacer de él un uso razonable en la escritura de lengua: precisamente el que él ha hecho, el mismo que aparecía tantas veces en las cartas de gente poco culta (menos traidora  por ello al don de escribir como se habla), que trataban de usarlo para separar simplemente los bloques acentuales, tramos de un solo acento por lo general ("enelpueblo"), dudando en los casos de doble acento, dominado-dominante  ("tranquila mente", "habenido"), lo que era dar razón de algo que la ortografía habitual no respeta: que no es lo mismo un tramo con acento, capaz de hacer frase por sí solo, que un tramo átono (en- o pro-clítico, preposición, artículo), que sólo agrupado con una palabra plena tiene sentido en la lengua;

-que igualmente hay que darle razón si escribe "Mi padre, no quiere trabajar" con coma, igual que "Estos días, no sentimos hambre", porque, aunque la Academia manda lo contrario, ahí se hace una coma como una redoma. Habría tanto que decir sobre el desastre que reina en el entendimiento, y por tanto en el uso, de los signos de puntuación...;

-que en verdad no habría mayor problema ni caos si se nos enseñase y se nos dejase libremente escribir según lo que el conocimiento (subcosciente) de la lengua que hablamos nos sugiere a sus distintos hablantes. Aquí puede hacerse un ejercicio de imaginación: apenas notaríamos otras diferencias escritas que las que distinguen el habla de uno de Soria, por ejemplo, que no confunde "valla" y "vaya" (usaría las dos letras a diferencia de los que sí las confunden porque no tienen ya más que un mismo fonema en ambos casos, que sólo usarían la y, la más sencilla), o la de un hablante que no fuera del norte de la península, que no distingue "cazar" de "casar" (y no necesitaría más que una letra), de otras hablas, etc... cosas que no dan ningún problema para entendernos, porque hacemos astracción al oírlas en cuanto las notamos, si es que llegamos a notarlas coscientemente.

Nadie se creería así con derecho a llamar inculto, burro o ignorante a nadie por no conocer una norma;
como mucho, habría dudas interesantes a la hora de escribir ciertas cosas (los tres archifonemas, por ejemplo, resultantes de la neutralización de cada una de las tres series de oclusivas, es decir: lo que es lo mismo en apto que en oftalmólogo que en abdomen o en kebab; lo mismo en octubre que en atmósfera que en admitido o en Valladolid; lo mismo en zigzag que en acné que en carcaj) que, se optara por lo que se optara, no darían mayor problema para reconocer la palabra escrita. ¡Menudo ahorro de memeces que sería!
Por otra parte, no olvidamos que la rebelión contra la escritura impuesta a la que aquí declaradamente se os invita (sobre todo contra la imposición y defensa que de ella hacen sin pensar la mayoría de los profesores y los más cultillos de entre la gente, como si fueran ellos sus inventores) es la misma que está siempre en marcha entre los menos conformes, ésos que hace tiempo decidieron, por ejemplo, entre nosotros, no usar más que la letra k para el mismo fonema. Se trata sólo de ayudarla a no confundirse (de devolver al pueblo, si acaso más refinada y libre de perdederos vanos, su propia sabiduría, según el propósito de aquella honrada Escuela Popular de Sabiduría Superior de Juan de Mairena y su maestro), para que no tire por ejemplo por las malas vías por las que  incluso compañeros de la asamblea se creen obligados a escribir compañerxs (desde que hasta los gobernantes más de derechas habían adoptado la arroba)* .

Que resultaría que el único que necesita hacer cumplir Reglas de Ortografía es el Régimen, con todas sus estadísticas y su aparato de clasificación y aburrimiento de las gentes por medio de la Examinación Obligatoria (la llaman Educación y no es más que eso, y por supuesto sin diferencias entre pública y privada) y el Atiborramiento de  Informaciones y de Órdenes, que lo que hacen es matar o estropear la viva inteligencia que en la gente late, por debajo de lo meramente personal o individual (porque late en la masa de que están cualesquiera cosas haciéndose, y hablando por ahí en mil idiomas) que es lo único que le importa al Capital y a sus Estados. Pero esos son los fines del Poder. Por acá abajo...

el grito del pueblo no puede ser más que "¡descubrimiento de las mentiras y así liberación de las cadenas!" y un deseo de buen entendimiento para la revuelta; de ningún modo una propuesta ni petición de otra reforma ortográfica más: no se puede pedir al Poder que entienda lo que la lengua sabe y dice, porque hasta ahí no llega su poder: igual se deshacía en el acto al descubrir que ahí Él no manda.

No hay ningún problema en reconocer aquí entre nosotros lo mucho que las normas de ortografía nos estorban y nos han llenado innecesariamente de pejigueras, tropiezos y trampas de todo tipo el arte (subcosciente como la lengua hablada, una vez adquirido) de escribir, obligándonos a hacerlo a conciencia, a necesitar diccionarios y manuales de ortografía, por miedo a  incumplir alguna regla y ser tachados por el Señor de incultos, a corregir y reprimir coscientemente (¿o sería mejor decir concientemente?) los honrados impulsos de nuestras manos y dedos de no escribir más que lo que es pertinente para la lengua, los elementos astractos de los que participan sin distinción las distintas bocas, según la convención del idioma, más o menos dialectal, en el que hablen. 
Son esas normas, o más bien leyes, las que han hecho verídico a lo largo de toda la triste Historia el horrendo dicho: "la letra con sangre entra" (pero que "tal vez con un poco de salivita nada más podrían salir las malas letras" o eso nos atrevemos a soñar).

Y decimos que la escritura del español oficial contemporáneo es, por supuesto, detestable, y puestos a darnos cuenta de ello, ya estamos haciendo otro ejercicio de imaginación (que para algunos será de recuerdo) del tormento que puede suponer para un chico que hable francés o inglés aprender las absurdas pedanterías de que está llena la escritura oficial o paterna de su pobre lengua materna (¿cómo es posible aguantar durante tantas generaciones que una simple i se escriba en inglés al menos de estos 5 modos: ee en "bee", e en "he", o en "women", i en "rich", ea en "fear", etc.?). Apenas se salvan un poco, en comparación, de la mala escritura lenguas como el italiano o hasta el alemán y el ruso, y otras más lejanas de las sólo muy recientemente escritas (así no es tan mala la de la lengua vasca misma, en sus dialectos o ya unificada), pero hay casos horribles y menos conocidos, como el de la escritura de las vocales del griego moderno. Luego está el caso del chino y su escritura vocabular, que nunca ha dado el salto a la fonémica, donde es sabido que
                                   "cuanto más
número de vocablos sepa el
                        funcionario ya escribir,
tanto más por la escalera
                        del Poder ha de trepar."

¡Tantos tormentos encubiertos siempre, por no contradecir a los mayores y más altos!  Pero ¿esto qué es? nos preguntamos. A ver si vamos a descubrir por ahí por dónde empieza la opresión del pueblo, ése que no se cuenta por número de cabezas más que cuando los Amos han logrado que agache la cerviz o quede muerto en la batalla, o cuando han logrado por fin que, uno a uno (un hombre, un voto), firme cada cual  "personal y libremente" el contrato de su prostitución en cualquier triste mercado de la competencia multinacional, no vaya a ser que no se salve el Hombre, que no logre venderse y colocarse o que no forme a tiempo su Pareja. ¿Por dónde va a empezar más que por el cambiazo de lo común y popular, la lengua gratuíta, por la escritura y las reglas de los señores, por la cultura que vale dinero?

Quizá ante todo para eso de firmar nos daba su escritura, así, tergiversada, el Gran Banquero. ¿Qué hacen esas letras gigantescas, por las tapias y paredones de todo el mundo habitado (mayormente por los automóviles), de manos de muchachos casi siempre, sino proclamar el triunfo del dominio de Su escritura, ésa que al pueblo no le dice nunca nada ni bueno ni claro? ¿O será que las letras, ellas mismas, están gritando a ver si alguien las oye, "¡Socorro: liberadnos del servicio a esta empresa de la muerte!"?

Pues como no se sabe, os enviamos
esta carta sin más: que corra y llegue
donde puedan leerla y entenderla.

Salud!


* [les han hecho confundir (y cualquier confusión en esto beneficia al Amo) el mecanismo gramatical de la clasificación general, llamada de "género", del léxico (y su anulación al combinarse con el número plural, de la que resulta como término no marcado el "masculino", que ya no es ni siquiera "masculino" sino "genérico", al no poder ser de otra manera), que actúa con total indiferencia de las prácticas sociales (porque los balones no son machos ni hembras  las pelotas), con la istitución patriarcal de la Cultura (y que en coherencia con la misma equivocación, han adoptado, con el mismo temor de incurrir en las iras de los feministas, el término "género" para no decir "sexo" o algo peor), que no necesita para nada una clasificación de género en la lengua para hacer la puñeta al pueblo. Una y otra vez habrá que repetir que en los mecanismos puramente gramaticales como éste no intervienen nuestras ideas, no hay motivos semánticos: la gramática del inglés americano parece que ha incluído recientemente, en la 2ª persona (para distinguir "vosotros/as" de "tú"), un "you-guys" que ha perdido con ello todo rastro de "referencia a hombres": gramatical quiere decir no-semántico, sin referencia a cosas reales.]

jueves, 8 de agosto de 2013

Comunicado de la comuna sin nombres sobre la muerte programada a propósito del ferrocarril



Sustituír el tren por el "Alta Velocidad" es criminal. Es criminal para las tierras y para las gentes que se lleva por delante la necia fe en "el Futuro". ¿A quién le hacía falta? Abandonar vías enteras por falsos criterios de rentabilidad y luego desmantelarlas es un crimen. La idea del Futuro (de la Empresa, del Turismo del Futuro) basta para que se estropee o se destruya cualquier cosa útil y bien hecha que nos haya quedado de las gentes de antes, como esos medios ingeniosos de viajar y trasportar lo que hiciera falta por vías férreas, que, de un plumazo, por la estúpida decisión de algún despacho de ejecutivos de una Empresa de cuyo  nombre mejor no acordarse y la ciega obediencia de las tropas de servidores del Trabajo asalariado que el Estado-Capital nos impone, se suprimen y se arrancan de la tierra. La obra del Santander-Mediterráneo era una maravilla de las que ya no saben hacer bajo el  Régimen del Dinero del Futuro, que lo único que ha hecho ha sido impedir su vida y su desarrollo hasta acabar con ella. Tras 30 y tantos años de abandono, seguían ahí sus vías, y hasta la tierra misma parecía haberles concedido el visto bueno: ni los árboles que ya crecían altos entre sus traviesas la estropeaban en nada: todo seguía en su sitio, como diciendo "podéis cambiar de idea cualquier día, que por nosotras bien puede volver a circular el tren mañana mismo." Hasta dicen que habían propuesto reabrirlas al tráfico (también las del Vía de la Plata) en algún programa electoral (era viable). Tenía sentido conservar una obra que, abandonada y todo, aún daba señas (para quien se dejara verlas) de la diferencia entre el verdadero Progreso y el falso que hoy nos venden con el nombre de Desarrollo o Futuro o Autovía o lo que sea. Por eso han tenido que arrancarla de la tierra a toda prisa. ¡Malditos sean! Por eso tienen que parlotear a todo trapo sobre causas y culpables de accidentes y hacer gran luto oficial, para que no se oiga el clamor contra la Alta Velocidad y la equivocación de ir "al Futuro" a marchas forzadas que se levanta del recuerdo del tren corriente, que a la gente le valdría y a sus pueblos y ciudades, pero no a ellos. ¿Cómo va a valerles a esos tristes vendedores de Autos que nos gobiernan?

Muy sostenible no debe de ser ese Desarrollo, cuando tanto necesitan pregonar que sí lo es todos los días. Ni ellos se lo creen. Pero entre tanto que sigue el público idiotizado, aguantando sus proclamas de Futuro para todos (o sea, Muerte segura) y que todos tan contentos con ir hacia el mismo Futuro o Matadero como personas obedientes, aún se atreven Allá Arriba a seguir administrando la muerte, matando hasta el recuerdo (nunca del todo!) de aquellas vías razonables del Progreso de antaño, que aún traía algo de vida en vez de vacío a las gentes. No saben lo que hacen, pero lo que hacen lo hacen porque piensan que saben a dónde van: tienen esa fe, los pobres, en que van por delante y con los tiempos, cuando en lo que creen es en la muerte que les espera, la fundadora del Tiempo de todas sus cuentas. Esas cuentas no son las nuestras. No van a confundirnos (la mayoría no son todos), ¡así se derrumben todas sus empresas de la muerte! Tienen puesta su fe en los grandes números de sus poblaciones de ya futuros muertos (que imaginan que viven ya su futuro, porque creen en él) para seguir manteniendo la ilusión vacía del Dinero, todo Futuro, pero lo que queda de vivo entre la gente que no se cuenta no tiene miedo de decirlo: cualquier cosa, cualquier felicidad o riqueza que el dinero prometa y asegure para un futuro, corto o largo, es mentira y crea la miseria del presente. Esto, que de siempre se ha sentido por lo bajo, cada día se puede ver más claro porque las cosas mismas lo están diciendo a gritos y nos animan a gritarlo también ya sin miedo: que nadie se haga ilusiones de supervivencia en el reino de la muerte, porque su ley es o adaptarse a ella o ser masacrado de una u otra manera. El futuro, el dinero, mata. Y si alguien te sale con que "es lo que hay", míralo bien a ver si no va a ser que está difunto y nadie se ha molestado en comunicarle su defunción. Los otros ¿no os vais a levantar contra el "Futuro" que os venden?