lunes, 7 de abril de 2014

La voz de la rebelión



LA VOZ DE LA REBELIÓN os pide, le pide a la gente, un esfuerzo para salir de la confusión y poder así negarse a tolerar por más tiempo los engaños del régimen del dinero. Si se trata de la necesidad de los puestos de trabajo, hay que preguntar lo primero ¿para quién son necesarios? En Madrid asistimos todos los días a un espectáculo que es una caricatura reveladora de lo que es la famosa Creación de Puestos de Trabajo: cualquiera que pasee por las calles céntricas puede ver esas estatuas humanas, disfrazadas y pintarrajeadas de las maneras más variopintas, que están ahí paradas delante de los comercios, cada cual en su puesto, dedicadas a ganarse su jornal (no hacen otra cosa). La gente tenemos que aguantar, en el  metro, por las calles, vernos a diario unos a otros como criaturas necesitadas del vil metal en todo momento, sólo sujetas por el miedo a decir lo que ningún órgano de poder permite decir a sus mil locutores, porque hay que ser realistas (¿qué será eso?): “¡muerte al Dinero!”.

Preguntad a cualquiera: esto nos está matando de pena y de vergüenza. Es de verdad horroroso oír a todas horas las reclamaciones de más y más dinero, un poquito por aquí, otro por allá, lo mismo por fuera que por dentro, porque cada uno está fabricado por la misma necesidad de dinero y las voces de fuera suenan también dentro. Como dice la publicidad de los “especialistas en ti”: “porque tú lo vales”. “¡Trabajar, trabajar!” dicen voces airadas  “¡trabajar en lo que sea!” También pedir limosna es un trabajo, claro; también buscar trabajo; también estudiar, “formarse”; también reivindicar a lo alto más puestos de trabajo, siempre la eterna cantilena “Soy un padre de familia…”.

¿Para qué? Estamos llenos de trabajos agotadores y sin sentido: la inmensa mayoría. Las cosas que hay que hacer, las que podrían hacerse con afición porque son útiles, convertidas en trabajo asalariado, sujetas a la organización del Capital, sus estados y empresas, se hacen cada vez peor, cuando no se abandonan y se echan a perder. Nos tienen dedicados a una producción insensata de chismes inútiles, de productos estúpidos  del “marketing”, basura plastificada, de rollos y proyectos delirantes. Y la otra cara del asunto es que luego hay que divertirse a todo trapo comprando todo eso y consumiendo sin parar lo que nos venden y a contentarse cada cual con ejercer el poder adquisitivo que le haya tocado en la feria de vanidades. ¡Basta ya! No nacen niños para servir a sus tristes empleos: ¡abajo el Estado y el Capital! No más futuro para este régimen de la Prostitución Universal.

Como no se puede tratar de esto ni en la familia ni con los amigotes ni con reclamaciones a los que sólo quieren de nosotros que sigamos tragando ilusiones y entretenidos con sus informaciones, habrá que juntarse en asambleas donde ya no reine el interés privado y el miedo de cada uno y se pueda hablar contra tanta mentira. Hablar es hacer. Hay una huelga que es previa a cualquier otra: consiste en negarse a aceptar lo que no es verdad. ¡Que suene la voz de la rebelión!


Como decía aquella pintada: 


¡NO OS CREMOS, POLITICASTROS!



A la gente del corro de las asambleas...

A la gente del corro de las asambleas va este recuerdo
de algo que de estos encuentros me queda bullendo
que por salones o plazas en público vamos teniendo
más y más gente, y da igual que seamos más número o menos:
no es sólo el rato que nos encontramos a hablar, es que luego
se queda una a solas con la impresión de que se le ha abierto
más grande la grieta de su soledad, por donde el intento
de no vivir más separados para lo que mande el dinero
sigue hurgándote ahí y te hace reconocerlo:
tú no eras una, así mande la ley que obliga a saberlo,
y no era tampoco verdad la realidad, sino eso:
que hay más que no sabes (y cuánto!) y vale más no saberlo,
sentirlo cómo te deshace tu fe en que no hay más cuento,
que sabes en dónde estás y quién eres y qué estás haciendo.
Y no es tanto el asunto que en cada asamblea se trate, los medios
o modos que vamos pensando de hacer que caiga el gobierno:
es más el sentido que tiene el seguir hablando lo bueno,
que ni sabes dónde te puede llevar o traer, pero es cierto
que te hace vivir de alguna manera, que sigue escociendo
la herida que, en esto de hacernos reales y satisfechos
con ser cada cual el que dice su nombre y que hay que creerlo
más que si fuera el catecismo mismo, tenemos
abierta y sangrando al aire en la piel y no puede por menos
de hacerte decir que no, que no me lo creo y que siento
que siguen abiertas posibilidades sin fin de no serlo
o cada vez menos y más deshacerse en mil y un encuentros
y hacer cualquier cosa que diga que no y no sabemos:

hay algo que quiere vivir sin fronteras ni ley ni dinero.

martes, 1 de octubre de 2013

COMUNICADO URGENTE A PROPÓSITO DE LA ENSEÑANZA DE LA ESCRITURA ...



COMUNICADO URGENTE DE LA ASAMBLEA DE PONTEJOS (ACAMPADA-SOL-POLÍTICA A-LARGO-PLAZO), EN COLABORACIÓN CON LA COMUNA SIN NOMBRES, A PROPÓSITO DE LA ENSEÑANZA DE LA ESCRITURA CON DESTINO A PROFESORES QUE SIENTAN ALGUNA REBELDÍA CONTRA LOS PLANES DE LO ALTO Y DE AMOR POR SUS ALUMNOS

Decíamos en la última asamblea que éste era tal vez el modo más adecuado de atacar la obediente idiotez y la incapacidad de rebelión que nos imponen, por ejemplo, mediante eso llamado "el Sistema educativo":  si son capaces algunos profesores de reconocer con los alumnos, ante los alumnos, poniéndose de su parte a favor de la inteligencia común del lenguaje, que las normas de Ortografía que nos dicta la Cultura, que es donde está el Poder, arrebatan a la gente el don de escribir como se habla, lo que con el uso de las letras se le daba, y que es por ahí claramente, por la escritura, por  donde comienzan las leyes a fastidiar la vida (la de la gente que apenas empezaba a hablar) con el pretesto de ordenarla desde un centro, allá en lo alto, donde todo se divisa, idealmente, y se maneja para hacer Dinero. Así que de esto toca hablar en clase, si es que quiere hacerse algo...

No podemos hacernos idea si no lo ponemos en práctica, de hasta qué punto puede esto resucitar en chicos y grandes la inteligencia viva a la vez de la lengua y la política.

Se trata de esta simpleza: reconocer que no hay ningún motivo para no escribir "vaso" igual que "beso", "jitano" igual que "jirafa" más que el capricho y la pedantería de esas normas (los manuales de la Academia y los libros de estilo de tanto éxito de ventas, todo ello incorporado obedientemente en el ordenadorcito personal que nos han colocado) que mandan escribir con dos letras distintas lo que en la lengua verdadera, la hablada, no es más que un mismo fonema; reconocer que esto lo padecemos todos en común bajo la arrogante Autoridad de la norma ortográfica oficial, pedante hasta decir basta, que costantemente nos manda corregir donde no había por qué (es ella la causante de las faltas) y castigar al infractor, hasta humillar cualquier inteligencia. Si hay que enseñar las normas, que sea a plena conciencia de que no son razonables, de que traicionan a la lengua, que no nos dejan escribir como se habla,

que no hay razón gramatical que pida escribir como m ante p o b  (imperio, ambición) pero n ante v y f (envidia, infame) lo que es un mismo archifonema resultado de la neutralización de la oposición de las nasales (que se representa bien por el término no marcado de dicha oposición, o sea, N, lo que cualquier crío escribe en estos casos de fin de sílaba o palabra -"álbun", "delfín"-, antes de que esas reglas perviertan su genuino istinto gramatical), cosa que bien nos enseñó a ver el príncipe Trubetzkoy, hoy desterrado de todas las academias;

que no hay ningún error en escribir "estraño" igual que "estrépito", y que sólo por miedo a la autoridad (y a la vez reconocimiento de la falta de motivos lingüísticos de sus normas) podemos encontrar escritos (y acaso hasta pronunciados!) mostruos como "expléndido", que revelan que se nos ha obligado a meter la conciencia personal (o sea, como el psicoanálisis puso al descubierto, ese mismo miedo a la autoridad y sus castigos) donde no la llamaban. Porque es que no hay de verdad en la lengua hablada, en ninguna de las varias formas en que el español se habla, grupos de tres consonantes más allá de aquellos en que la última es una líquida, L o R ("anplio" "antro"), así que no hay más que escribir trasporte lo mismo que aspecto, o testo lo mismo que resto (a diferencia de flexo o nexo, donde no pasa eso), porque así se dicen esas palabras cuando se habla sin prevención (como la que doma las lenguas de esos actores, cantantes o locutores concienciados o también profesores pedantes que tratan de pronunciar las letras de la ortografía, que no sabe nada de la lengua; pero podéis reíros  cuando les oigáis pronunciar eKSTraño), sin miedo de que "costa" en "me costa" no vaya a distinguirse por escrito de "en la costa valenciana", como tampoco se distinguen -y da igual- "basta" (de bastar) de "basta" (bastorra). Al menos a esta pequeña reforma ortográfica nos atenemos en este mismo escrito (y ya es liberación, aunque sea poco). ¿Se va entendiendo la cosa? ¿Os escandalizáis, profesorcillos?

Contra la Autoridad de la norma ortográfica oficial que separa cruelmente a los profesores encargados de imponerla de los alumnos obligados a acatarla sin posibilidad de crítica alguna, proponemos una rebelión en las aulas que consistiría en razonar en cada caso en qué consiste la arbitrariedad de esa norma, única responsable de las famosas "faltas de ortografía" que, bien por incorrección bien por hipercorrección, se "cometen" al escribir. ¡Abajo la creencia de que escribir bien es obedecer las reglas de la Ortografía de turno! ése es nuestro grito. Y también ¡Fuera los que creen que hablar bien es pronunciar todas las letras que escribir nos manden! A ver si por una vez aprovechamos en favor de los alumnos lo que al menos en las universidades aún se nos enseñaba o se encuentra, si no, en algunos libros. Por más ejemplos:

-que " desde que el español oficial perdió el fonema H (que algunos dialectos mantienen hasta casi hoy en uso, cuando dicen "hambre", "hondo" o "ahogar"), los doctos del XVII o ya académicos del XVIII quedaban con las manos libres para jugar con la letra h y mandar que lo que en castellano se venía escribiendo omre o aver se escribiera hombre y haber, en vista de que en latín (como doctos que eran, sabían su poquito de latín) se había escrito homine y habere;

-una vez que en castellano se hubo anulado la oposición de fonemas que hacía distinguir en la escritura lo que en la lengua se distinguía, cavar (o, lo que era lo mismo, cauar) y lavor, pero caber y sabor, las letras b y v (cuando en el XVIII acabó de distinguirse de u) quedaban abandonadas a las decisiones de los cultos, que ordenarían escribir boca o hierba, no por nada, sino porque en latín eran bucca o herba, pero vaca o cuervo, porque en latín habían sido uacca y coruo, y los imperfectos de la 1ª, que durante siglos habían sido en castellano y se habían escrito con ava, cuando ya la distinción de las letras b/v no respondía a nada en la lengua, mandarían que se escribieran con aba, porque así se escribían en latín."  [sacado del artículo Ortografía, el País, 21 de Enero, 2001. ¡Mil gracias, Agustín, por escribirlo!]

-que no hay ningún error en escribir, por mera fidelidad a nuestro oído gramatical, "tres mas tres" sin signo de acento en "mas", que es átono en ese uso, a diferencia del "más" de "piden más"; o en ponerlo en "a tí" lo mismo que en "a mí", como debe ser; o en distinguir según ese mismo sentido común, sin necesidad de saber norma ninguna, cuándo se dice "aun" átono y cuándo "aún" tónico.

-que podemos reírnos de la insipiencia y la torpeza de esos cultillos dictadores de nuevas normas ortográficas cuando proponen (y logran imponerlo a los editores sumisos que quieran pasar su censura) escribir "rió" o "guió" sin acento, según la norma ya vieja para los monosílabos como "dio", porque ni se han dado cuenta de que sólo lo serían en todo caso para una parte reducida de los hispano-hablantes de América (pero sus leyes han de ser urbi et orbe) y quizá sólo como mera variante elocutiva, no en todos los casos. [v. a ver]

-que hay que dar la razón al alumno si le ha salido escribir junto "amicasa" o "decolores" en lugar de burlarnos de él (o llamarlo disléxico o cualquier cosa) y esplicarle la cosa: el uso normal del blanco de escritura deja bastante que desear (arbitrariamente manda, por ejemplo, escribir juntos los enclíticos "dame" y "danos" o el arcaico "dábale" o "húndase", pero separados los proclíticos "me da", "nos da" y "se hunda") y había una manera de hacer de él un uso razonable en la escritura de lengua: precisamente el que él ha hecho, el mismo que aparecía tantas veces en las cartas de gente poco culta (menos traidora  por ello al don de escribir como se habla), que trataban de usarlo para separar simplemente los bloques acentuales, tramos de un solo acento por lo general ("enelpueblo"), dudando en los casos de doble acento, dominado-dominante  ("tranquila mente", "habenido"), lo que era dar razón de algo que la ortografía habitual no respeta: que no es lo mismo un tramo con acento, capaz de hacer frase por sí solo, que un tramo átono (en- o pro-clítico, preposición, artículo), que sólo agrupado con una palabra plena tiene sentido en la lengua;

-que igualmente hay que darle razón si escribe "Mi padre, no quiere trabajar" con coma, igual que "Estos días, no sentimos hambre", porque, aunque la Academia manda lo contrario, ahí se hace una coma como una redoma. Habría tanto que decir sobre el desastre que reina en el entendimiento, y por tanto en el uso, de los signos de puntuación...;

-que en verdad no habría mayor problema ni caos si se nos enseñase y se nos dejase libremente escribir según lo que el conocimiento (subcosciente) de la lengua que hablamos nos sugiere a sus distintos hablantes. Aquí puede hacerse un ejercicio de imaginación: apenas notaríamos otras diferencias escritas que las que distinguen el habla de uno de Soria, por ejemplo, que no confunde "valla" y "vaya" (usaría las dos letras a diferencia de los que sí las confunden porque no tienen ya más que un mismo fonema en ambos casos, que sólo usarían la y, la más sencilla), o la de un hablante que no fuera del norte de la península, que no distingue "cazar" de "casar" (y no necesitaría más que una letra), de otras hablas, etc... cosas que no dan ningún problema para entendernos, porque hacemos astracción al oírlas en cuanto las notamos, si es que llegamos a notarlas coscientemente.

Nadie se creería así con derecho a llamar inculto, burro o ignorante a nadie por no conocer una norma;
como mucho, habría dudas interesantes a la hora de escribir ciertas cosas (los tres archifonemas, por ejemplo, resultantes de la neutralización de cada una de las tres series de oclusivas, es decir: lo que es lo mismo en apto que en oftalmólogo que en abdomen o en kebab; lo mismo en octubre que en atmósfera que en admitido o en Valladolid; lo mismo en zigzag que en acné que en carcaj) que, se optara por lo que se optara, no darían mayor problema para reconocer la palabra escrita. ¡Menudo ahorro de memeces que sería!
Por otra parte, no olvidamos que la rebelión contra la escritura impuesta a la que aquí declaradamente se os invita (sobre todo contra la imposición y defensa que de ella hacen sin pensar la mayoría de los profesores y los más cultillos de entre la gente, como si fueran ellos sus inventores) es la misma que está siempre en marcha entre los menos conformes, ésos que hace tiempo decidieron, por ejemplo, entre nosotros, no usar más que la letra k para el mismo fonema. Se trata sólo de ayudarla a no confundirse (de devolver al pueblo, si acaso más refinada y libre de perdederos vanos, su propia sabiduría, según el propósito de aquella honrada Escuela Popular de Sabiduría Superior de Juan de Mairena y su maestro), para que no tire por ejemplo por las malas vías por las que  incluso compañeros de la asamblea se creen obligados a escribir compañerxs (desde que hasta los gobernantes más de derechas habían adoptado la arroba)* .

Que resultaría que el único que necesita hacer cumplir Reglas de Ortografía es el Régimen, con todas sus estadísticas y su aparato de clasificación y aburrimiento de las gentes por medio de la Examinación Obligatoria (la llaman Educación y no es más que eso, y por supuesto sin diferencias entre pública y privada) y el Atiborramiento de  Informaciones y de Órdenes, que lo que hacen es matar o estropear la viva inteligencia que en la gente late, por debajo de lo meramente personal o individual (porque late en la masa de que están cualesquiera cosas haciéndose, y hablando por ahí en mil idiomas) que es lo único que le importa al Capital y a sus Estados. Pero esos son los fines del Poder. Por acá abajo...

el grito del pueblo no puede ser más que "¡descubrimiento de las mentiras y así liberación de las cadenas!" y un deseo de buen entendimiento para la revuelta; de ningún modo una propuesta ni petición de otra reforma ortográfica más: no se puede pedir al Poder que entienda lo que la lengua sabe y dice, porque hasta ahí no llega su poder: igual se deshacía en el acto al descubrir que ahí Él no manda.

No hay ningún problema en reconocer aquí entre nosotros lo mucho que las normas de ortografía nos estorban y nos han llenado innecesariamente de pejigueras, tropiezos y trampas de todo tipo el arte (subcosciente como la lengua hablada, una vez adquirido) de escribir, obligándonos a hacerlo a conciencia, a necesitar diccionarios y manuales de ortografía, por miedo a  incumplir alguna regla y ser tachados por el Señor de incultos, a corregir y reprimir coscientemente (¿o sería mejor decir concientemente?) los honrados impulsos de nuestras manos y dedos de no escribir más que lo que es pertinente para la lengua, los elementos astractos de los que participan sin distinción las distintas bocas, según la convención del idioma, más o menos dialectal, en el que hablen. 
Son esas normas, o más bien leyes, las que han hecho verídico a lo largo de toda la triste Historia el horrendo dicho: "la letra con sangre entra" (pero que "tal vez con un poco de salivita nada más podrían salir las malas letras" o eso nos atrevemos a soñar).

Y decimos que la escritura del español oficial contemporáneo es, por supuesto, detestable, y puestos a darnos cuenta de ello, ya estamos haciendo otro ejercicio de imaginación (que para algunos será de recuerdo) del tormento que puede suponer para un chico que hable francés o inglés aprender las absurdas pedanterías de que está llena la escritura oficial o paterna de su pobre lengua materna (¿cómo es posible aguantar durante tantas generaciones que una simple i se escriba en inglés al menos de estos 5 modos: ee en "bee", e en "he", o en "women", i en "rich", ea en "fear", etc.?). Apenas se salvan un poco, en comparación, de la mala escritura lenguas como el italiano o hasta el alemán y el ruso, y otras más lejanas de las sólo muy recientemente escritas (así no es tan mala la de la lengua vasca misma, en sus dialectos o ya unificada), pero hay casos horribles y menos conocidos, como el de la escritura de las vocales del griego moderno. Luego está el caso del chino y su escritura vocabular, que nunca ha dado el salto a la fonémica, donde es sabido que
                                   "cuanto más
número de vocablos sepa el
                        funcionario ya escribir,
tanto más por la escalera
                        del Poder ha de trepar."

¡Tantos tormentos encubiertos siempre, por no contradecir a los mayores y más altos!  Pero ¿esto qué es? nos preguntamos. A ver si vamos a descubrir por ahí por dónde empieza la opresión del pueblo, ése que no se cuenta por número de cabezas más que cuando los Amos han logrado que agache la cerviz o quede muerto en la batalla, o cuando han logrado por fin que, uno a uno (un hombre, un voto), firme cada cual  "personal y libremente" el contrato de su prostitución en cualquier triste mercado de la competencia multinacional, no vaya a ser que no se salve el Hombre, que no logre venderse y colocarse o que no forme a tiempo su Pareja. ¿Por dónde va a empezar más que por el cambiazo de lo común y popular, la lengua gratuíta, por la escritura y las reglas de los señores, por la cultura que vale dinero?

Quizá ante todo para eso de firmar nos daba su escritura, así, tergiversada, el Gran Banquero. ¿Qué hacen esas letras gigantescas, por las tapias y paredones de todo el mundo habitado (mayormente por los automóviles), de manos de muchachos casi siempre, sino proclamar el triunfo del dominio de Su escritura, ésa que al pueblo no le dice nunca nada ni bueno ni claro? ¿O será que las letras, ellas mismas, están gritando a ver si alguien las oye, "¡Socorro: liberadnos del servicio a esta empresa de la muerte!"?

Pues como no se sabe, os enviamos
esta carta sin más: que corra y llegue
donde puedan leerla y entenderla.

Salud!


* [les han hecho confundir (y cualquier confusión en esto beneficia al Amo) el mecanismo gramatical de la clasificación general, llamada de "género", del léxico (y su anulación al combinarse con el número plural, de la que resulta como término no marcado el "masculino", que ya no es ni siquiera "masculino" sino "genérico", al no poder ser de otra manera), que actúa con total indiferencia de las prácticas sociales (porque los balones no son machos ni hembras  las pelotas), con la istitución patriarcal de la Cultura (y que en coherencia con la misma equivocación, han adoptado, con el mismo temor de incurrir en las iras de los feministas, el término "género" para no decir "sexo" o algo peor), que no necesita para nada una clasificación de género en la lengua para hacer la puñeta al pueblo. Una y otra vez habrá que repetir que en los mecanismos puramente gramaticales como éste no intervienen nuestras ideas, no hay motivos semánticos: la gramática del inglés americano parece que ha incluído recientemente, en la 2ª persona (para distinguir "vosotros/as" de "tú"), un "you-guys" que ha perdido con ello todo rastro de "referencia a hombres": gramatical quiere decir no-semántico, sin referencia a cosas reales.]

jueves, 8 de agosto de 2013

Comunicado de la comuna sin nombres sobre la muerte programada a propósito del ferrocarril



Sustituír el tren por el "Alta Velocidad" es criminal. Es criminal para las tierras y para las gentes que se lleva por delante la necia fe en "el Futuro". ¿A quién le hacía falta? Abandonar vías enteras por falsos criterios de rentabilidad y luego desmantelarlas es un crimen. La idea del Futuro (de la Empresa, del Turismo del Futuro) basta para que se estropee o se destruya cualquier cosa útil y bien hecha que nos haya quedado de las gentes de antes, como esos medios ingeniosos de viajar y trasportar lo que hiciera falta por vías férreas, que, de un plumazo, por la estúpida decisión de algún despacho de ejecutivos de una Empresa de cuyo  nombre mejor no acordarse y la ciega obediencia de las tropas de servidores del Trabajo asalariado que el Estado-Capital nos impone, se suprimen y se arrancan de la tierra. La obra del Santander-Mediterráneo era una maravilla de las que ya no saben hacer bajo el  Régimen del Dinero del Futuro, que lo único que ha hecho ha sido impedir su vida y su desarrollo hasta acabar con ella. Tras 30 y tantos años de abandono, seguían ahí sus vías, y hasta la tierra misma parecía haberles concedido el visto bueno: ni los árboles que ya crecían altos entre sus traviesas la estropeaban en nada: todo seguía en su sitio, como diciendo "podéis cambiar de idea cualquier día, que por nosotras bien puede volver a circular el tren mañana mismo." Hasta dicen que habían propuesto reabrirlas al tráfico (también las del Vía de la Plata) en algún programa electoral (era viable). Tenía sentido conservar una obra que, abandonada y todo, aún daba señas (para quien se dejara verlas) de la diferencia entre el verdadero Progreso y el falso que hoy nos venden con el nombre de Desarrollo o Futuro o Autovía o lo que sea. Por eso han tenido que arrancarla de la tierra a toda prisa. ¡Malditos sean! Por eso tienen que parlotear a todo trapo sobre causas y culpables de accidentes y hacer gran luto oficial, para que no se oiga el clamor contra la Alta Velocidad y la equivocación de ir "al Futuro" a marchas forzadas que se levanta del recuerdo del tren corriente, que a la gente le valdría y a sus pueblos y ciudades, pero no a ellos. ¿Cómo va a valerles a esos tristes vendedores de Autos que nos gobiernan?

Muy sostenible no debe de ser ese Desarrollo, cuando tanto necesitan pregonar que sí lo es todos los días. Ni ellos se lo creen. Pero entre tanto que sigue el público idiotizado, aguantando sus proclamas de Futuro para todos (o sea, Muerte segura) y que todos tan contentos con ir hacia el mismo Futuro o Matadero como personas obedientes, aún se atreven Allá Arriba a seguir administrando la muerte, matando hasta el recuerdo (nunca del todo!) de aquellas vías razonables del Progreso de antaño, que aún traía algo de vida en vez de vacío a las gentes. No saben lo que hacen, pero lo que hacen lo hacen porque piensan que saben a dónde van: tienen esa fe, los pobres, en que van por delante y con los tiempos, cuando en lo que creen es en la muerte que les espera, la fundadora del Tiempo de todas sus cuentas. Esas cuentas no son las nuestras. No van a confundirnos (la mayoría no son todos), ¡así se derrumben todas sus empresas de la muerte! Tienen puesta su fe en los grandes números de sus poblaciones de ya futuros muertos (que imaginan que viven ya su futuro, porque creen en él) para seguir manteniendo la ilusión vacía del Dinero, todo Futuro, pero lo que queda de vivo entre la gente que no se cuenta no tiene miedo de decirlo: cualquier cosa, cualquier felicidad o riqueza que el dinero prometa y asegure para un futuro, corto o largo, es mentira y crea la miseria del presente. Esto, que de siempre se ha sentido por lo bajo, cada día se puede ver más claro porque las cosas mismas lo están diciendo a gritos y nos animan a gritarlo también ya sin miedo: que nadie se haga ilusiones de supervivencia en el reino de la muerte, porque su ley es o adaptarse a ella o ser masacrado de una u otra manera. El futuro, el dinero, mata. Y si alguien te sale con que "es lo que hay", míralo bien a ver si no va a ser que está difunto y nadie se ha molestado en comunicarle su defunción. Los otros ¿no os vais a levantar contra el "Futuro" que os venden?

viernes, 8 de marzo de 2013

MUJERES SIN MÁSCARA



            Las mujeres seguimos sin tener voz, voz pública: es lo primero de lo que se nos privó al comienzo de la Historia, allí donde se instituyó la vida privada, el dominio. Es que quizá, de sonar en público esa voz, se acabara de una vez esta triste historia del hombre y su mayoría, porque su público sería al menos más de la mitad -dicen- de los oyentes. Por eso nunca nos la van a conceder en este mundo. ¡A ello, hermanas! Basta ya de tanto cuchicheo sumiso; basta ya de arrojarnos unas a otras, a fuerza de no poder o no querer hablar entre nosotras, a fuerza de aburrirnos, en brazos de nuestro “futuro”. ¡Cómo nos han separado! Que no es verdad que hablemos en libertad mientras acatamos la Realidad del Hombre y su madre la Historia, la misma que los Medios sostienen, con la que cuentan la Política y la Publicidad, como si no supiéramos lo falsa que es, lo que gastan en vendérnosla, como si nunca hubiéramos sido niñas ni muchachas.
No tenemos voz, y menos aún desde que hay tantas mujeres públicas haciendo declaraciones por ahí. Menos aún desde que una convocatoria de huelga ¡mundial! de mujeres como la que se planeaba para este pasado 8 de Marzo apenas se atrevía a alzar la voz más que para decir que había que dar un sueldo a las mujeres por sus tareas domésticas, para pedir  seguridad, igualdad salarial y licencias de maternidad. He ahí las madres, las amas de su casa, las víctimas, las sacrificadas, las que aportan su nómina a la par con el varón, la Familia, en definitiva. ¿No se consigue con este juego que nos veamos a nosotras mismas tan sólo como aquello en lo que nos han convertido o nos quieren convertir? No creo que se nos haga ningún favor con ello. ¿Seguimos pues aceptando que sea eso a lo que vaya a parar cualquier niña que nazca? ¿No hay más, oh madres crueles? Pensaba que un llamamiento a las mujeres iba a hablar a la inteligencia que sufre, a la sensibilidad que observa, a lo que hay por debajo de esas máscaras que tanto juego dan a la Historia y la Televisión, a lo que aún en nosotras sepa vivir y quiera escuchar, no a esos personajes ciegos, a esas mártires y esas furias, a esas señoras. Hace tiempo que una ha aprendido a desconfiar de cualquier voz que se presente como defensora de un colectivo, porque lo colectivo, lo social, al igual que lo meramente individual, es incapaz de sentir ni de pensar, es incapaz, en fin, de hablar de verdad a nadie: algo así sólo puede funcionar, como mecanismo que es, y, para su mejor funcionamiento, reivindicar sus intereses y justificar su juego, pero eso, ¿qué tiene que ver con esto? -digo yo-, ¿qué tiene que ver con nosotras y lo que nos pasa bajo este reino de Dios o de El Hombre o de Don Dinero? Y luego, ¿a quién irán dirigidas las reivindicaciones y exigencias que se proponen? ¿Al Estado? ¿A Papá Capital? ¿Al Poder Mundial? Se les hará la boca pesicola ante tamaño reconocimiento. Está claro que hemos aprendido muy bien cómo hablar a los señores, pero aquí entre nosotras... ¡Seamos serias! Nos engañamos: seguimos estando en manos de beatos y beatas de tres al cuarto, que es que se lo han creído ellos que defienden a las mujeres con poner una arroba en el sitio de la o. ¡Madre mía, qué ridícul@s son!
Sin embargo, aún tiene sentido hablar a una huelga de mujeres y que el que tenga oídos que atienda. Y es que no podemos cansarnos de decir lo que por lo bajo sabemos: por más que digan, el dinero no sirve para nada bueno, y en cuanto a ese trabajo tan cacareado, habría que ver si consiste en algo distinto de venderse uno a uno al dinero. ¡Como si no fuera posible ni imaginable vivir de otras maneras! Entonces, ¿cómo es posible que las mujeres nos conformemos con recibir dinero, paga por nuestros servicios a esta sociedad? Si no es la sociedad lo que queremos, ¿por qué trabajar para ella con o sin sueldo? Y si ya trabajamos y cobramos con dolor, ¿a qué viene dar las gracias por ello y pedir más? Yo siento que si las mujeres hacemos tantas cosas como bien se señala, no es por colaborar con la sociedad (aunque nos lo digan, para hacernos la pelota, para adularnos, desde el mundo de los hombres, que siempre dicen que no son nada sin nosotras), no es por eso de ningún modo. Yo, al menos, que no paro, sé muy bien que no es por eso, sino por mil otras cosas que se van descubriendo y que no son de esta horrible sociedad, pero que siguen vivas por debajo, y yo las veo y las oigo y las siento y las quiero cuidar, y son por ellas todos mis desvelos. ¿Quién que no esté tan ciego como los políticos puede sentir algún aprecio o algún deseo de colaborar con el espectáculo de una sociedad podrida de raíz, con su asqueroso sistema de fronteras y valores, irreflexivos por definición, de competencia en lugar de colaboración, de intercambio de poderes en lugar de entendimiento, de jerarquía en lugar de hermandad, de comercio de Amor/Sexo en lugar de...? Yo quisiera deshacer esa fe totalitaria, porque siento que la sociedad no es todo, que por debajo de ella, a pesar de sus mil maneras de matar, de aburrir, de desunir, de crear soledad, miseria y desesperación, maldad, enfermedad y ruina, aún vive gente limpia, gente capaz de sufrir y no acatar, gente alegre, hermosa gente, y, sobre todo, siguen naciendo niños que no merecen todo el mal que se les da desde que vienen al mundo -y que, lo que es aún peor, se les presenta como bueno y necesario. Y propongo que las mujeres nos unamos para clamar, para decir lo que de verdad queremos, lo que sería deseable (y da igual si parece posible o si no: el amor y el deseo no saben nada de posibilidad, de realización, sienten y hablan así y no se puede cambiar lo que dicen sin traicionarlos): abolición de las Naciones o países o como quiera que se llamen, abolición de los estados, que no sabrán el daño que hacen, pero nosotras sí lo sabemos, abolición del trabajo inútil. No pienso pedir a la sociedad que dé trabajo a las mujeres, porque las mujeres siempre tenemos cosas mejores que hacer que trabajar, y no nos faltan ideas porque tenemos ojos y vemos lo que hace falta hacer, y tenemos seso para discurrir cómo hacerlo de la manera más sencilla y placentera. Dinero ¿para qué? ¿para ir a comprar a sus sucios supermercados y centros comerciales abarrotados de memeces plastificadas y productos para la mujer estúpida, que es la única que quieren como consumidora? Yo quiero que se acabe el dinero, que deje de producirse tanta estupidez consumible. ¿Qué nos ofrece ese mercado?: facilidades para entrar a formar parte de los ejércitos y legiones de policías y ejecutivos del régimen, streep-teases masculinos para despedidas de solteras, para hacer las mismas ridiculeces que los hombres -que estaban aprendiendo quizá a dejar de hacerlas-, trajes de novia para ir guapa a la picota, revistas infames donde las mujeres se expresan como oligofrénicas y son tratadas como tales, anuncios, programas y series de televisión para que nos enganchemos y luego los comentemos como si nos fuera la vida en ello (¡nos gusta tanto hablar!, pero los hombres nos han impuesto los temas, las asignaturas, y nosotras, a obedecer: Dineritos del Hogar, Salud y Belleza, Trabajo, Sexo, Hijos, Amor a toda pastilla, Cotilleo de cine y, bien separadito, Política -y hasta Feminismo para nosotras ¿qué más podemos desear?-, que tiene su lenguaje, sus procedimientos, sus prioridades, sus razones históricas, sus sistemas menos malos... Puaj! Así no hay quien hable en serio de nada si hay que acatar todos esos topicazos, hipocresías y falsedades!); ¿qué más?: ¡ah, sí! para las insatisfechas, Cultura, esa parcela miserable, carreras, Información, y "todo un mundo de oportunidades" para nosotras y los niños que nos puedan nacer, para que los mandemos a hacerse hombres, a entrar a formar parte del sistema que empezó (no lo olvidemos nunca) con el sometimiento de las mujeres, y que en eso no ha cambiado por más que diga la Información. Por eso las mujeres tendríamos que rebelarnos, que gritar de una vez contra la familia, esa institución dedicada desde el principio de los tiempos a esclavizarnos, a asfixiar toda la riqueza sin cuento ni nombre que podíamos traer al mundo y convertirla en capital para el amo, en posesión individual. ¡Abajo la posesión de las mujeres!, ¡abajo el matrimonio, abajo el estado civil, el A.D.N. y el D.N.I.! Ser de un hombre, ser de un país, ser de una misma, ¡qué miseria para las que nacimos en un mundo que podía estar libre de todo eso! ¡Abajo las individuas! ¿Vamos a seguir aceptando la prostitución o no? ¿De verdad creemos que es inevitable, que no hay nada que hacer? ¿Es a esa sociedad que la contiene a la que vamos a aportar nuestro granito de arena hacendoso, a la que queremos incorporar nuestras manos de hada? El lema del Hombre de la historia ha sido siempre “Divide y vencerás”. ¡Ni blancas ni negras, ni pobres ni ricas, ni liberadas ni oprimidas, ni cultas ni ignorantes, ni hombras ni mujeros, ni jóvenes ni viejas, ni de X ni de Y! ¡En nombre de las mujeres más enmudecidas y enjauladas, de los niños, los viejos, los animales, las plantas, los astros, en nombre de todo lo que sufre, no acatemos las diferencias con que nos separan! Nunca más mujeres del Hombre. Nunca más mujeres del Trabajo. ¡Que no cuenten con nosotras los políticos! ¡Que no nos conozcan ya!

lunes, 28 de mayo de 2012

Crisis... de fé?


Lo primero  -se lo digo clarito- :  me resbala vuestra “crisis”, pero eso no quiere decir que nos vayamos a callar. Como tanto les oigo cacarearla a los unos y a los otros sirvientes del Dinero, por papeles y pantallas por todo el orbe a troche-moche, escandalizados,  me pareció que algo que no se esperaban ustedes se podría decir, por si sirve de algo, porque si se descuidan van a descubrir la verdad de la mentira que les sustentaba: que todos esos números que manejan y les tienen, eran eso: cifras de su fe, su número en la cola para la salvación de sus almitas y –verán-, para que no se lo quiten de encima con meramente tachar al que escribe de loco o ignorante en economías, pues se lo esplico un poco más al detalle. No se lo pierdan, que casi seguro que nunca les van a hablar así de claro acerca de estos líos de la gestión de sus vidas.
Porque de buena táctica para una política de veras es que cuando se vea que los Ejecutivos o Administradores del Capital o Estado y los servidores de los Medios le cogen gusto a un término y dan en usarlo por acá y por allá, empezar a sospechar que ahí se encierra algún truco, tergiversación o disimulo, importante para el Poder, que sólo por la mentira puede sostener la fe que necesita. Y no es que esto de la crisis y el estar en crisis sea cosa de ayer, pero, a lo que oigo por los que se informan de cómo anda el cotarro, está muy al día, ya sea en el pulso económico o ya en debates de políticos.
    ¿Cómo pues no empezar diciendo algo contra las ideas y la Fe que les domina?
A ello vamos: nos han echado encima este imperio del Dinero y apenas se oyen voces contra él.  La religión (esto es, la ideología) hoy es la Economía. Y la política es la economía también. La economía es la economía: el Dinero por todo lo alto. Y nos quieren hacer creer que el dinero no es una idea cuando está claro que el dinero es la ideología por excelencia. Incluso aún hay quien tacha de “materialista” al que se cuida de su negocio y sus dineros! Así que por acá abajo pensamos que lo que verdaderamente y por todo lo alto padecemos es la Religión que está representada por un Dios que es Dinero, realidad de las realidades. ¿Cómo es que el dinero es personal? ¿Cómo es que el dinero, esa forma más avanzada de Dios, cumple también esa condición? Apenas hay más que recordarlo: el dinero es personal. En tiempos en que la moneda era una forma de Dinero, en la moneda estaba la cara del monarca, la cara personal, con sus rasgos, del Emperador o del Rey. Eso era una preparación para lo actual: en la Democracia no hay reyes de verdad, no hay más reyes que la Persona. Que se sigan haciendo moneditas del antiguo régimen sirve para distraer. El Dinero de verdad es ese dinero del que la Persona dispone. Ya podéis ser vosotros muy modestos al estampar vuestra firma en la Banca, pero en la computadora del Banco figura vuestro nombre, y éste representa tales cifras, ya sean rojas o negras, pero en todo caso es vuestro nombre el que vale eso. Valéis eso, y ese dinero, esas cifras, sólo valen en la medida en que son de una persona, en que representan a la Persona. La Persona puede ser, como se sabe, un consorcio o una persona jurídica o lo que sea, pero, en todo caso, una persona. Una persona que puede fácilmente hacer todos los jueguecitos que sabemos: entablar tratos con otras personas, intercambiarse, etc. Una persona que puede jugar en la Bolsa, y, mejor que en la Bolsa todavía, en ese cruce de pantallazos todo alrededor del globo por medio de la Red Informática Universal, que permite estar en siete u ocho bolsas al mismo tiempo y establecer ese juego. Nada de eso se podría hacer si no fueran personas las que costituyen la verdadera esencia del Dinero.
Esto quiere decir que, si el dinero consiste en la Persona, su firma, el crédito de que goza y su firma le atribuye, entonces tenemos unas personas que son cosas, cada una de vuestras almitas personalmente. No es ya sólo aquello tan viejo de “tanto tienes, tanto vales”, sino que vales lo que tienes, y ese eres tú, en cuanto ente real, y no hay otra forma de alma real más que ésa que está representada por la firma y el crédito de que uno goza en la Banca, desde los escalones más bajos a los más altos, que juegan con el Dinero en los mercados de la Red Informática Universal.
   Esa es la condición. Dios subsiste, pués, plenamente, en esta forma más avanzada en el Régimen que hoy padecemos, aunque sigan floreciendo en pleno toda clase de religiones de las viejas. Es por eso por lo que hay que insistir en que esta Religión actual, como las viejas, está sostenida por la Fe. Si se dejara de creer, caería sin más. Lo estáis sosteniendo todos los días en la medida en que creéis, os fiáis de las cifras del crédito, creéis en lo que vuestro capitalito va a rendir al cabo de tres meses o tres años. Como esta condición de la Fe, que en la Banca se llama crédito, de creer, que es la verdadera esencia del Dinero, que es todo Futuro, todo Fe, como esa condición de la Fe es la misma que en las viejas religiones (la Fe en Dios está inmediatamente ligada con la esperanza de la Gloria Eterna), por eso mismo, la necesidad de Fe, es por lo que se llevan tan bien la verdadera Religión del Régimen con los restos de las otras religiones. Es de suma conveniencia para el Poder que sigan conviviendo juntas unas con otras. Evidentemente la nueva Religión alzará sus nuevas catedrales, sus iglesias sucursales y bancos más o menos horripilantes que el Capital levanta por todas partes, pero conservando las viejas catedrales y muchas de las iglesias, y conservará igualmente las formas de culto pasadas de moda. Es una conveniencia. ¿Cómo no se van a llevar bien si, después de todo, todas son formas del mismo Dios, que solamente cambian para seguir manteniendo su imperio? Se llevan muy bien, y distraen mucho, y ésa es la función que cumplen.
   Aprovechando de paso los últimos jueguecitos de los que se dicen “ateos” (o, como dice una buena amiga: “ateistas”) les recuerdo, para que no hagan como si no, por la cuenta que les trae, que es el Dinero la cara de Dios que corresponde al Régimen que padecemos, y nuestra Fe es la Fe en él, que, como en toda religión, no es más que el Futuro. Pues es el Dinero la cosa de las cosas: es la cosa de la que más se habla, de condición sublime o impalpable, por doquiera inmanente o inmiscuido en la vida cotidiana, cuyo hijo unigénito es el Hombre, esto es, el Individuo Personal, que en su nombre y firma pone el alma, o sea la garantía del valor y el poder del Padre en este mundo, es el Juez Supremo, que eleva a los que tienen Fe a una futura Gloria Eterna, y condena a los que han fallado en su Fe a los abismos de la miseria y el tormento. No hay más que observar los  rasgos estremos de Su culto y Su liturgia: es Ése el Dios que ha movido las Conquistas sanguinarias del Globo, la proliferación de las Empresas de la nada, la erección de pirámides y rascacielos de los Estados y la Iglesia sobre millones de esclavos fieles, donde laten enterradas, entre muchas buenas, las palabras de uno que decía «No os preocupéis del día de mañana: el día de mañana cuidará de sí mismo: a cada día con su mal le basta».
Dios sólo tiene distintas caras para ocultar que todas son la misma, y seguir así moviendo las falsas guerras entre una y otra Fe, de las que también Su Capital hace negocio, y el primero el de la Información de los feligreses, que sostiene su Fe en la Historia y el Futuro de la Humanidad y de cada uno.
Ahora, no es cierto, simplemente, que Dios haya tomado entre nosotros la faz más descarada de Dinero, sino que, también al revés, el Dinero no es otra cosa más que Dios; y Dios, como impalpable y falso y siempre-futuro que es, necesita la Fe de las multitudes para no caer en el vacío: sin Fe, no hay Dinero, no hay Dios que siga administrando la muerte y sacrificando vidas al Futuro.
Fijémonos ahora en la tan famosa crisis económica esta, o financiera, que tanto os estará entreteniendo durante estos meses o años: el empeño en que por allá arriba saben; que los Directores de las Bancas, que los Regentes de la Bolsa, que los Ministros de la Hacienda de un sitio o del otro saben de qué se trata, y que por tanto, pues toman medidas, y hacen declaraciones de conciencia del asunto, y dan órdenes destinadas a modificar o paliar la realidad de la supuesta crisis económica.  Bueno, pues supongo que casi ya no hacía falta que yo lo dijera aquí: sospechamos por lo bajo que todo eso es filfa, bambolla; bambolla necesaria para engañar, para entretener, a través de los Medios: ni banqueros, ni financieros, ni ministros tienen miedo de las cosas que dicen que tienen miedo: tienen un miedo mucho más profundo, que es justamente el miedo de descubrir que el Dinero se mueve por sí solo, y que por tanto ellos son unos monigotes. Este es el miedo de verdad. Efectivamente, lo mismo que podemos decir de la producción de pistolas y de automóviles, pero todavía en grado más alto: el Dinero, cosa de las cosas, la cosa por escelencia, tiene naturalmente sus fines en sí mismos; como que está costituído por sus fines, como que no hay Dinero de verdad poderoso más que el Dinero futuro, el que depende justamente de su fin, el que camina a un fin con su Crédito, con su Fe.  Y por tanto, claro está que Él sabe lo que hace, el Capital sabe lo que hace.  Hay un miedo por parte de las personas, y especialmente de las personas ilustres y destacadas, a descubrir que ellos ahí son unos monigotes: que ni saben lo que pasa con la crisis, ni saben de dónde viene, ni saben siquiera qué quiere decir la tal crisis, ni saben las causas por la que ha empezado, ni de los medios por los que se puede cortar, pero que tienen que hacer como que sí: cuanto más es el peligro de descubrir la condición de monigotes de los hombres, tanto más los hombres tienen que apresurarse a sostener lo contrario, y a lucirse mucho, y a sacar muchos nombres y muchas opiniones en el mismo sentido.  Lo que quieren hacer creer es que estamos en un trance decisivo, en el que la marcha de las finanzas y la consiguiente gestión de nuestras vidas toca un máximo de peligro que, una vez superado, permita que las cosas sigan progresando normalmente.
 Tal es la doble función política de la crisis: por un lado, entretener al personal alarmándolo un tanto con algo que pueda amenazar a la Administración y a su ordenada felicidad, esto es, llenar el tiempo vacío, el aburrimiento que cría la fe en el Futuro y en que no puede hacerse más que lo que ya está de antemano hecho; y eso, por otro lado, con la sugerencia de que es sólo una crisis, tras la cual, ya pasada, vuelva la normalidad, que por el pasajero peligro se habrá hecho más amada de los fieles.
    Pero ‘crisis’ también quería decir ‘juicio’; y los ejecutivos de Dios, dispuestos a contar futuros y a que Estado y Capital pasen cualesquiera crisis y avatares, menos la última crisis o Juicio Final, no saben que la mentira se juzga y condena a sí misma, y consigo condena a los “fabricantes y atestiguadores de falsedades” a una crisis definitiva.
A mí, como a cualquiera, en nada me va todo esto de los Medios acerca de 'crisis'. No me toca, no siento nada, pero, eso sí, ¡cómo de cargante el darse cuenta de que los prójimos se lo tragan y se creen que algo decisivo está pasando! Ese es el miedo de los que creen que tienen algo que perder. Nosotros por acá abajo nos desentendemos sin más de entretenernos más con sus crisis.

miércoles, 18 de abril de 2012

Redención



–Así que a celebrar por ahí las Páscuas. –Bueno, mujer, no exageres: las vacaciones. –Ya: y ¿cómo andan por esos barrios? –Pues, ¿cómo quieres?: Todo fiestas y ruidos y revoleos, al son de las procesiones, cuando salen, y, si no, a otras músicas y ruidos, vinos, flores… Ya sabes. –Ya sé: celebrando en grande la Pasión. –¿La Pasión? ¿Qué dices tú, Nerisa? –Ni te acordabas ya, Terele, de que la Semana Santa era por eso, por la pasión y muerte de Jesús. –¿Cómo no voy a acordarme? Pero eso… ¿qué pasa? ¿Te has vuelto ahora religiosa? –No; pero, con tanta bambolla y barullo, me ha dado por pensar que qué poco debe de quedar de compasión entre la gente. –¿Qué?: ¿Querías que fuese como en tiempos de la abuela, que dice que las mujeres lloraban por las calles al pasar los pasos de la Pasión? –No sé lo que quiero, pero eso que ahí estaba pasando era algo serio: era nuestra redención. –¿Redención? ¿Qué era eso, sabihonda? –Pues era, dicen, que es que nos habían vendido.. –¿Vendido? ¿A quién? –Pues ¿a quién va a ser?: al dinero, al que puede. –Y, ¿qué? –Pues que esto de la pasión era para descomprarnos. –¿Cómo? –Haciéndonos sentir en carne qué es eso del dinero. –¿Qué es? –La muerte. –¿Eh? –El futuro de cada uno. –Y ya con sentir eso… –Ya con eso librarnos del trato, deshacer la venta de las almas: eso es redención. ...¿Que de eso nos lavaban las lágrimas de la compasión? –Puede. Pero, a lo que se ve por la feria, las cosas no han ido por ahí, ¿verdá, Terele? –Me parece, Nerisa, que me estás haciendo cosquillas en la oreja. –Pues cuelgo, prima, no se te vaya a meter alguna larvita de desengaño por el caracol.
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¡Que se declare y se sienta bien claro lo que es esta condena al dinero, a la vida privada del señor hombre y su señora hombre y a la economía justiciera del estado-capital que los fabrica, que quiere que valga para todas sus crías y para cualquier criatura, como si no hubiera otra!
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Por cierto, que me he dado cuenta de la relación de la falta de compasión "que se ve por la feria" con la creencia en la libertad personal o por lo menos con la proclamación y la afirmación a cada paso y a todas horas de esa libertad (¿será eso la creencia*: sostenella y no enmendalla sin asomo de razón? Supongo que va junto con "doctores tiene la Iglesia", que sirve para no permitirse cuestionar nada), de que "si te pasa eso, es porque quieres", "de tí depende", "tú eres muy dueña de...", "si trabaja en eso, es porque quiere", y puede llegar a oírse que Jesucristo se metió en aquello por su propia voluntad (que "se dejó apiolar por santurrón" como decía aquel), por su libre culpa: como tenía un nombre propio, pues ya está. Que cada quien es cada quien, vamos (qué querrá decir eso?), que no hay más que acatar el ideal, aplicarlo por doquier, y ni sentimientos ni razones. 
¿Os dais cuenta vosotros también de cómo elimina cualquier compasión esa fe en la libertad de cada uno, esa idea salvadora del señor, que no puede permitirse sentir con otro, y cómo sale al paso de esa tentación al momento? ¿Quién sería uno, si no? Te la aplican aquí sin compasión, en cuanto barruntan que sufres algo o por algo; pueden incluso decirte que sufres porque quieres, porque hay remedios o filosofías de sobra para no sufrir y no las estás usando, y condenan el sufrimiento, lo condenan a ser algo así como una enfermedad tuya, nada de que pueda sufrirse en común y no en particular. Terrible!
Supongo que  es por eso que la simpatía o compasión queda reducida para muchos, por ejemplo, a algunos casos del reino animal... (¡pero los hay que piden derechos para ellos, como si fueran unos sin-papeles cualesquiera!) porque no se entiende cómo la imposición del ideal del hombre libre pesa sobre la gente  en cuanto nos ponen el nombre del muerto futuro, condenándonos a la guerra, a la división, a la venta y a no ser capaces de sacudir el yugo, que es ese ideal de que yo soy ése. Pero no soy ése, no.  Seas quien seas tú, oh ente autónomo último, ¡sacúdetela tu cruz! 

*pensando más en eso de la creencia, de la fe, mayoritaria, que me da mucho que pensar, y recordando lo que decíamos de que es un saber, se diría que lo primero es un saber (y un terror) de las violentas prácticas del mundo, de lo que reina en la justicia, en la literatura y en las demás istituciones y tratos o maltratos que se hacen pasar como lo normal o real, y luego una justificación de eso: si nos tratan así es porque somos así, y ya se inventa la naturaleza  humana y tal y cual, y la naturaleza toda con ella.
 Así que el hallazgo de la incertidumbre (esa clara incertidumbre de lo que me pasa a mí y a cualquier cosa conmigo) o el hallazgo de lo que hay fuera del tiempo (real, pretendidamente natural), de AHORA sin medida ni fin, es un hallazgo precioso, junto con éste de la razón común. 

¡Salud! ¡y que viva la comuna!