jueves, 8 de agosto de 2013

Comunicado de la comuna sin nombres sobre la muerte programada a propósito del ferrocarril



Sustituír el tren por el "Alta Velocidad" es criminal. Es criminal para las tierras y para las gentes que se lleva por delante la necia fe en "el Futuro". ¿A quién le hacía falta? Abandonar vías enteras por falsos criterios de rentabilidad y luego desmantelarlas es un crimen. La idea del Futuro (de la Empresa, del Turismo del Futuro) basta para que se estropee o se destruya cualquier cosa útil y bien hecha que nos haya quedado de las gentes de antes, como esos medios ingeniosos de viajar y trasportar lo que hiciera falta por vías férreas, que, de un plumazo, por la estúpida decisión de algún despacho de ejecutivos de una Empresa de cuyo  nombre mejor no acordarse y la ciega obediencia de las tropas de servidores del Trabajo asalariado que el Estado-Capital nos impone, se suprimen y se arrancan de la tierra. La obra del Santander-Mediterráneo era una maravilla de las que ya no saben hacer bajo el  Régimen del Dinero del Futuro, que lo único que ha hecho ha sido impedir su vida y su desarrollo hasta acabar con ella. Tras 30 y tantos años de abandono, seguían ahí sus vías, y hasta la tierra misma parecía haberles concedido el visto bueno: ni los árboles que ya crecían altos entre sus traviesas la estropeaban en nada: todo seguía en su sitio, como diciendo "podéis cambiar de idea cualquier día, que por nosotras bien puede volver a circular el tren mañana mismo." Hasta dicen que habían propuesto reabrirlas al tráfico (también las del Vía de la Plata) en algún programa electoral (era viable). Tenía sentido conservar una obra que, abandonada y todo, aún daba señas (para quien se dejara verlas) de la diferencia entre el verdadero Progreso y el falso que hoy nos venden con el nombre de Desarrollo o Futuro o Autovía o lo que sea. Por eso han tenido que arrancarla de la tierra a toda prisa. ¡Malditos sean! Por eso tienen que parlotear a todo trapo sobre causas y culpables de accidentes y hacer gran luto oficial, para que no se oiga el clamor contra la Alta Velocidad y la equivocación de ir "al Futuro" a marchas forzadas que se levanta del recuerdo del tren corriente, que a la gente le valdría y a sus pueblos y ciudades, pero no a ellos. ¿Cómo va a valerles a esos tristes vendedores de Autos que nos gobiernan?

Muy sostenible no debe de ser ese Desarrollo, cuando tanto necesitan pregonar que sí lo es todos los días. Ni ellos se lo creen. Pero entre tanto que sigue el público idiotizado, aguantando sus proclamas de Futuro para todos (o sea, Muerte segura) y que todos tan contentos con ir hacia el mismo Futuro o Matadero como personas obedientes, aún se atreven Allá Arriba a seguir administrando la muerte, matando hasta el recuerdo (nunca del todo!) de aquellas vías razonables del Progreso de antaño, que aún traía algo de vida en vez de vacío a las gentes. No saben lo que hacen, pero lo que hacen lo hacen porque piensan que saben a dónde van: tienen esa fe, los pobres, en que van por delante y con los tiempos, cuando en lo que creen es en la muerte que les espera, la fundadora del Tiempo de todas sus cuentas. Esas cuentas no son las nuestras. No van a confundirnos (la mayoría no son todos), ¡así se derrumben todas sus empresas de la muerte! Tienen puesta su fe en los grandes números de sus poblaciones de ya futuros muertos (que imaginan que viven ya su futuro, porque creen en él) para seguir manteniendo la ilusión vacía del Dinero, todo Futuro, pero lo que queda de vivo entre la gente que no se cuenta no tiene miedo de decirlo: cualquier cosa, cualquier felicidad o riqueza que el dinero prometa y asegure para un futuro, corto o largo, es mentira y crea la miseria del presente. Esto, que de siempre se ha sentido por lo bajo, cada día se puede ver más claro porque las cosas mismas lo están diciendo a gritos y nos animan a gritarlo también ya sin miedo: que nadie se haga ilusiones de supervivencia en el reino de la muerte, porque su ley es o adaptarse a ella o ser masacrado de una u otra manera. El futuro, el dinero, mata. Y si alguien te sale con que "es lo que hay", míralo bien a ver si no va a ser que está difunto y nadie se ha molestado en comunicarle su defunción. Los otros ¿no os vais a levantar contra el "Futuro" que os venden?

viernes, 8 de marzo de 2013

MUJERES SIN MÁSCARA



            Las mujeres seguimos sin tener voz, voz pública: es lo primero de lo que se nos privó al comienzo de la Historia, allí donde se instituyó la vida privada, el dominio. Es que quizá, de sonar en público esa voz, se acabara de una vez esta triste historia del hombre y su mayoría, porque su público sería al menos más de la mitad -dicen- de los oyentes. Por eso nunca nos la van a conceder en este mundo. ¡A ello, hermanas! Basta ya de tanto cuchicheo sumiso; basta ya de arrojarnos unas a otras, a fuerza de no poder o no querer hablar entre nosotras, a fuerza de aburrirnos, en brazos de nuestro “futuro”. ¡Cómo nos han separado! Que no es verdad que hablemos en libertad mientras acatamos la Realidad del Hombre y su madre la Historia, la misma que los Medios sostienen, con la que cuentan la Política y la Publicidad, como si no supiéramos lo falsa que es, lo que gastan en vendérnosla, como si nunca hubiéramos sido niñas ni muchachas.
No tenemos voz, y menos aún desde que hay tantas mujeres públicas haciendo declaraciones por ahí. Menos aún desde que una convocatoria de huelga ¡mundial! de mujeres como la que se planeaba para este pasado 8 de Marzo apenas se atrevía a alzar la voz más que para decir que había que dar un sueldo a las mujeres por sus tareas domésticas, para pedir  seguridad, igualdad salarial y licencias de maternidad. He ahí las madres, las amas de su casa, las víctimas, las sacrificadas, las que aportan su nómina a la par con el varón, la Familia, en definitiva. ¿No se consigue con este juego que nos veamos a nosotras mismas tan sólo como aquello en lo que nos han convertido o nos quieren convertir? No creo que se nos haga ningún favor con ello. ¿Seguimos pues aceptando que sea eso a lo que vaya a parar cualquier niña que nazca? ¿No hay más, oh madres crueles? Pensaba que un llamamiento a las mujeres iba a hablar a la inteligencia que sufre, a la sensibilidad que observa, a lo que hay por debajo de esas máscaras que tanto juego dan a la Historia y la Televisión, a lo que aún en nosotras sepa vivir y quiera escuchar, no a esos personajes ciegos, a esas mártires y esas furias, a esas señoras. Hace tiempo que una ha aprendido a desconfiar de cualquier voz que se presente como defensora de un colectivo, porque lo colectivo, lo social, al igual que lo meramente individual, es incapaz de sentir ni de pensar, es incapaz, en fin, de hablar de verdad a nadie: algo así sólo puede funcionar, como mecanismo que es, y, para su mejor funcionamiento, reivindicar sus intereses y justificar su juego, pero eso, ¿qué tiene que ver con esto? -digo yo-, ¿qué tiene que ver con nosotras y lo que nos pasa bajo este reino de Dios o de El Hombre o de Don Dinero? Y luego, ¿a quién irán dirigidas las reivindicaciones y exigencias que se proponen? ¿Al Estado? ¿A Papá Capital? ¿Al Poder Mundial? Se les hará la boca pesicola ante tamaño reconocimiento. Está claro que hemos aprendido muy bien cómo hablar a los señores, pero aquí entre nosotras... ¡Seamos serias! Nos engañamos: seguimos estando en manos de beatos y beatas de tres al cuarto, que es que se lo han creído ellos que defienden a las mujeres con poner una arroba en el sitio de la o. ¡Madre mía, qué ridícul@s son!
Sin embargo, aún tiene sentido hablar a una huelga de mujeres y que el que tenga oídos que atienda. Y es que no podemos cansarnos de decir lo que por lo bajo sabemos: por más que digan, el dinero no sirve para nada bueno, y en cuanto a ese trabajo tan cacareado, habría que ver si consiste en algo distinto de venderse uno a uno al dinero. ¡Como si no fuera posible ni imaginable vivir de otras maneras! Entonces, ¿cómo es posible que las mujeres nos conformemos con recibir dinero, paga por nuestros servicios a esta sociedad? Si no es la sociedad lo que queremos, ¿por qué trabajar para ella con o sin sueldo? Y si ya trabajamos y cobramos con dolor, ¿a qué viene dar las gracias por ello y pedir más? Yo siento que si las mujeres hacemos tantas cosas como bien se señala, no es por colaborar con la sociedad (aunque nos lo digan, para hacernos la pelota, para adularnos, desde el mundo de los hombres, que siempre dicen que no son nada sin nosotras), no es por eso de ningún modo. Yo, al menos, que no paro, sé muy bien que no es por eso, sino por mil otras cosas que se van descubriendo y que no son de esta horrible sociedad, pero que siguen vivas por debajo, y yo las veo y las oigo y las siento y las quiero cuidar, y son por ellas todos mis desvelos. ¿Quién que no esté tan ciego como los políticos puede sentir algún aprecio o algún deseo de colaborar con el espectáculo de una sociedad podrida de raíz, con su asqueroso sistema de fronteras y valores, irreflexivos por definición, de competencia en lugar de colaboración, de intercambio de poderes en lugar de entendimiento, de jerarquía en lugar de hermandad, de comercio de Amor/Sexo en lugar de...? Yo quisiera deshacer esa fe totalitaria, porque siento que la sociedad no es todo, que por debajo de ella, a pesar de sus mil maneras de matar, de aburrir, de desunir, de crear soledad, miseria y desesperación, maldad, enfermedad y ruina, aún vive gente limpia, gente capaz de sufrir y no acatar, gente alegre, hermosa gente, y, sobre todo, siguen naciendo niños que no merecen todo el mal que se les da desde que vienen al mundo -y que, lo que es aún peor, se les presenta como bueno y necesario. Y propongo que las mujeres nos unamos para clamar, para decir lo que de verdad queremos, lo que sería deseable (y da igual si parece posible o si no: el amor y el deseo no saben nada de posibilidad, de realización, sienten y hablan así y no se puede cambiar lo que dicen sin traicionarlos): abolición de las Naciones o países o como quiera que se llamen, abolición de los estados, que no sabrán el daño que hacen, pero nosotras sí lo sabemos, abolición del trabajo inútil. No pienso pedir a la sociedad que dé trabajo a las mujeres, porque las mujeres siempre tenemos cosas mejores que hacer que trabajar, y no nos faltan ideas porque tenemos ojos y vemos lo que hace falta hacer, y tenemos seso para discurrir cómo hacerlo de la manera más sencilla y placentera. Dinero ¿para qué? ¿para ir a comprar a sus sucios supermercados y centros comerciales abarrotados de memeces plastificadas y productos para la mujer estúpida, que es la única que quieren como consumidora? Yo quiero que se acabe el dinero, que deje de producirse tanta estupidez consumible. ¿Qué nos ofrece ese mercado?: facilidades para entrar a formar parte de los ejércitos y legiones de policías y ejecutivos del régimen, streep-teases masculinos para despedidas de solteras, para hacer las mismas ridiculeces que los hombres -que estaban aprendiendo quizá a dejar de hacerlas-, trajes de novia para ir guapa a la picota, revistas infames donde las mujeres se expresan como oligofrénicas y son tratadas como tales, anuncios, programas y series de televisión para que nos enganchemos y luego los comentemos como si nos fuera la vida en ello (¡nos gusta tanto hablar!, pero los hombres nos han impuesto los temas, las asignaturas, y nosotras, a obedecer: Dineritos del Hogar, Salud y Belleza, Trabajo, Sexo, Hijos, Amor a toda pastilla, Cotilleo de cine y, bien separadito, Política -y hasta Feminismo para nosotras ¿qué más podemos desear?-, que tiene su lenguaje, sus procedimientos, sus prioridades, sus razones históricas, sus sistemas menos malos... Puaj! Así no hay quien hable en serio de nada si hay que acatar todos esos topicazos, hipocresías y falsedades!); ¿qué más?: ¡ah, sí! para las insatisfechas, Cultura, esa parcela miserable, carreras, Información, y "todo un mundo de oportunidades" para nosotras y los niños que nos puedan nacer, para que los mandemos a hacerse hombres, a entrar a formar parte del sistema que empezó (no lo olvidemos nunca) con el sometimiento de las mujeres, y que en eso no ha cambiado por más que diga la Información. Por eso las mujeres tendríamos que rebelarnos, que gritar de una vez contra la familia, esa institución dedicada desde el principio de los tiempos a esclavizarnos, a asfixiar toda la riqueza sin cuento ni nombre que podíamos traer al mundo y convertirla en capital para el amo, en posesión individual. ¡Abajo la posesión de las mujeres!, ¡abajo el matrimonio, abajo el estado civil, el A.D.N. y el D.N.I.! Ser de un hombre, ser de un país, ser de una misma, ¡qué miseria para las que nacimos en un mundo que podía estar libre de todo eso! ¡Abajo las individuas! ¿Vamos a seguir aceptando la prostitución o no? ¿De verdad creemos que es inevitable, que no hay nada que hacer? ¿Es a esa sociedad que la contiene a la que vamos a aportar nuestro granito de arena hacendoso, a la que queremos incorporar nuestras manos de hada? El lema del Hombre de la historia ha sido siempre “Divide y vencerás”. ¡Ni blancas ni negras, ni pobres ni ricas, ni liberadas ni oprimidas, ni cultas ni ignorantes, ni hombras ni mujeros, ni jóvenes ni viejas, ni de X ni de Y! ¡En nombre de las mujeres más enmudecidas y enjauladas, de los niños, los viejos, los animales, las plantas, los astros, en nombre de todo lo que sufre, no acatemos las diferencias con que nos separan! Nunca más mujeres del Hombre. Nunca más mujeres del Trabajo. ¡Que no cuenten con nosotras los políticos! ¡Que no nos conozcan ya!

lunes, 28 de mayo de 2012

Crisis... de fé?


Lo primero  -se lo digo clarito- :  me resbala vuestra “crisis”, pero eso no quiere decir que nos vayamos a callar. Como tanto les oigo cacarearla a los unos y a los otros sirvientes del Dinero, por papeles y pantallas por todo el orbe a troche-moche, escandalizados,  me pareció que algo que no se esperaban ustedes se podría decir, por si sirve de algo, porque si se descuidan van a descubrir la verdad de la mentira que les sustentaba: que todos esos números que manejan y les tienen, eran eso: cifras de su fe, su número en la cola para la salvación de sus almitas y –verán-, para que no se lo quiten de encima con meramente tachar al que escribe de loco o ignorante en economías, pues se lo esplico un poco más al detalle. No se lo pierdan, que casi seguro que nunca les van a hablar así de claro acerca de estos líos de la gestión de sus vidas.
Porque de buena táctica para una política de veras es que cuando se vea que los Ejecutivos o Administradores del Capital o Estado y los servidores de los Medios le cogen gusto a un término y dan en usarlo por acá y por allá, empezar a sospechar que ahí se encierra algún truco, tergiversación o disimulo, importante para el Poder, que sólo por la mentira puede sostener la fe que necesita. Y no es que esto de la crisis y el estar en crisis sea cosa de ayer, pero, a lo que oigo por los que se informan de cómo anda el cotarro, está muy al día, ya sea en el pulso económico o ya en debates de políticos.
    ¿Cómo pues no empezar diciendo algo contra las ideas y la Fe que les domina?
A ello vamos: nos han echado encima este imperio del Dinero y apenas se oyen voces contra él.  La religión (esto es, la ideología) hoy es la Economía. Y la política es la economía también. La economía es la economía: el Dinero por todo lo alto. Y nos quieren hacer creer que el dinero no es una idea cuando está claro que el dinero es la ideología por excelencia. Incluso aún hay quien tacha de “materialista” al que se cuida de su negocio y sus dineros! Así que por acá abajo pensamos que lo que verdaderamente y por todo lo alto padecemos es la Religión que está representada por un Dios que es Dinero, realidad de las realidades. ¿Cómo es que el dinero es personal? ¿Cómo es que el dinero, esa forma más avanzada de Dios, cumple también esa condición? Apenas hay más que recordarlo: el dinero es personal. En tiempos en que la moneda era una forma de Dinero, en la moneda estaba la cara del monarca, la cara personal, con sus rasgos, del Emperador o del Rey. Eso era una preparación para lo actual: en la Democracia no hay reyes de verdad, no hay más reyes que la Persona. Que se sigan haciendo moneditas del antiguo régimen sirve para distraer. El Dinero de verdad es ese dinero del que la Persona dispone. Ya podéis ser vosotros muy modestos al estampar vuestra firma en la Banca, pero en la computadora del Banco figura vuestro nombre, y éste representa tales cifras, ya sean rojas o negras, pero en todo caso es vuestro nombre el que vale eso. Valéis eso, y ese dinero, esas cifras, sólo valen en la medida en que son de una persona, en que representan a la Persona. La Persona puede ser, como se sabe, un consorcio o una persona jurídica o lo que sea, pero, en todo caso, una persona. Una persona que puede fácilmente hacer todos los jueguecitos que sabemos: entablar tratos con otras personas, intercambiarse, etc. Una persona que puede jugar en la Bolsa, y, mejor que en la Bolsa todavía, en ese cruce de pantallazos todo alrededor del globo por medio de la Red Informática Universal, que permite estar en siete u ocho bolsas al mismo tiempo y establecer ese juego. Nada de eso se podría hacer si no fueran personas las que costituyen la verdadera esencia del Dinero.
Esto quiere decir que, si el dinero consiste en la Persona, su firma, el crédito de que goza y su firma le atribuye, entonces tenemos unas personas que son cosas, cada una de vuestras almitas personalmente. No es ya sólo aquello tan viejo de “tanto tienes, tanto vales”, sino que vales lo que tienes, y ese eres tú, en cuanto ente real, y no hay otra forma de alma real más que ésa que está representada por la firma y el crédito de que uno goza en la Banca, desde los escalones más bajos a los más altos, que juegan con el Dinero en los mercados de la Red Informática Universal.
   Esa es la condición. Dios subsiste, pués, plenamente, en esta forma más avanzada en el Régimen que hoy padecemos, aunque sigan floreciendo en pleno toda clase de religiones de las viejas. Es por eso por lo que hay que insistir en que esta Religión actual, como las viejas, está sostenida por la Fe. Si se dejara de creer, caería sin más. Lo estáis sosteniendo todos los días en la medida en que creéis, os fiáis de las cifras del crédito, creéis en lo que vuestro capitalito va a rendir al cabo de tres meses o tres años. Como esta condición de la Fe, que en la Banca se llama crédito, de creer, que es la verdadera esencia del Dinero, que es todo Futuro, todo Fe, como esa condición de la Fe es la misma que en las viejas religiones (la Fe en Dios está inmediatamente ligada con la esperanza de la Gloria Eterna), por eso mismo, la necesidad de Fe, es por lo que se llevan tan bien la verdadera Religión del Régimen con los restos de las otras religiones. Es de suma conveniencia para el Poder que sigan conviviendo juntas unas con otras. Evidentemente la nueva Religión alzará sus nuevas catedrales, sus iglesias sucursales y bancos más o menos horripilantes que el Capital levanta por todas partes, pero conservando las viejas catedrales y muchas de las iglesias, y conservará igualmente las formas de culto pasadas de moda. Es una conveniencia. ¿Cómo no se van a llevar bien si, después de todo, todas son formas del mismo Dios, que solamente cambian para seguir manteniendo su imperio? Se llevan muy bien, y distraen mucho, y ésa es la función que cumplen.
   Aprovechando de paso los últimos jueguecitos de los que se dicen “ateos” (o, como dice una buena amiga: “ateistas”) les recuerdo, para que no hagan como si no, por la cuenta que les trae, que es el Dinero la cara de Dios que corresponde al Régimen que padecemos, y nuestra Fe es la Fe en él, que, como en toda religión, no es más que el Futuro. Pues es el Dinero la cosa de las cosas: es la cosa de la que más se habla, de condición sublime o impalpable, por doquiera inmanente o inmiscuido en la vida cotidiana, cuyo hijo unigénito es el Hombre, esto es, el Individuo Personal, que en su nombre y firma pone el alma, o sea la garantía del valor y el poder del Padre en este mundo, es el Juez Supremo, que eleva a los que tienen Fe a una futura Gloria Eterna, y condena a los que han fallado en su Fe a los abismos de la miseria y el tormento. No hay más que observar los  rasgos estremos de Su culto y Su liturgia: es Ése el Dios que ha movido las Conquistas sanguinarias del Globo, la proliferación de las Empresas de la nada, la erección de pirámides y rascacielos de los Estados y la Iglesia sobre millones de esclavos fieles, donde laten enterradas, entre muchas buenas, las palabras de uno que decía «No os preocupéis del día de mañana: el día de mañana cuidará de sí mismo: a cada día con su mal le basta».
Dios sólo tiene distintas caras para ocultar que todas son la misma, y seguir así moviendo las falsas guerras entre una y otra Fe, de las que también Su Capital hace negocio, y el primero el de la Información de los feligreses, que sostiene su Fe en la Historia y el Futuro de la Humanidad y de cada uno.
Ahora, no es cierto, simplemente, que Dios haya tomado entre nosotros la faz más descarada de Dinero, sino que, también al revés, el Dinero no es otra cosa más que Dios; y Dios, como impalpable y falso y siempre-futuro que es, necesita la Fe de las multitudes para no caer en el vacío: sin Fe, no hay Dinero, no hay Dios que siga administrando la muerte y sacrificando vidas al Futuro.
Fijémonos ahora en la tan famosa crisis económica esta, o financiera, que tanto os estará entreteniendo durante estos meses o años: el empeño en que por allá arriba saben; que los Directores de las Bancas, que los Regentes de la Bolsa, que los Ministros de la Hacienda de un sitio o del otro saben de qué se trata, y que por tanto, pues toman medidas, y hacen declaraciones de conciencia del asunto, y dan órdenes destinadas a modificar o paliar la realidad de la supuesta crisis económica.  Bueno, pues supongo que casi ya no hacía falta que yo lo dijera aquí: sospechamos por lo bajo que todo eso es filfa, bambolla; bambolla necesaria para engañar, para entretener, a través de los Medios: ni banqueros, ni financieros, ni ministros tienen miedo de las cosas que dicen que tienen miedo: tienen un miedo mucho más profundo, que es justamente el miedo de descubrir que el Dinero se mueve por sí solo, y que por tanto ellos son unos monigotes. Este es el miedo de verdad. Efectivamente, lo mismo que podemos decir de la producción de pistolas y de automóviles, pero todavía en grado más alto: el Dinero, cosa de las cosas, la cosa por escelencia, tiene naturalmente sus fines en sí mismos; como que está costituído por sus fines, como que no hay Dinero de verdad poderoso más que el Dinero futuro, el que depende justamente de su fin, el que camina a un fin con su Crédito, con su Fe.  Y por tanto, claro está que Él sabe lo que hace, el Capital sabe lo que hace.  Hay un miedo por parte de las personas, y especialmente de las personas ilustres y destacadas, a descubrir que ellos ahí son unos monigotes: que ni saben lo que pasa con la crisis, ni saben de dónde viene, ni saben siquiera qué quiere decir la tal crisis, ni saben las causas por la que ha empezado, ni de los medios por los que se puede cortar, pero que tienen que hacer como que sí: cuanto más es el peligro de descubrir la condición de monigotes de los hombres, tanto más los hombres tienen que apresurarse a sostener lo contrario, y a lucirse mucho, y a sacar muchos nombres y muchas opiniones en el mismo sentido.  Lo que quieren hacer creer es que estamos en un trance decisivo, en el que la marcha de las finanzas y la consiguiente gestión de nuestras vidas toca un máximo de peligro que, una vez superado, permita que las cosas sigan progresando normalmente.
 Tal es la doble función política de la crisis: por un lado, entretener al personal alarmándolo un tanto con algo que pueda amenazar a la Administración y a su ordenada felicidad, esto es, llenar el tiempo vacío, el aburrimiento que cría la fe en el Futuro y en que no puede hacerse más que lo que ya está de antemano hecho; y eso, por otro lado, con la sugerencia de que es sólo una crisis, tras la cual, ya pasada, vuelva la normalidad, que por el pasajero peligro se habrá hecho más amada de los fieles.
    Pero ‘crisis’ también quería decir ‘juicio’; y los ejecutivos de Dios, dispuestos a contar futuros y a que Estado y Capital pasen cualesquiera crisis y avatares, menos la última crisis o Juicio Final, no saben que la mentira se juzga y condena a sí misma, y consigo condena a los “fabricantes y atestiguadores de falsedades” a una crisis definitiva.
A mí, como a cualquiera, en nada me va todo esto de los Medios acerca de 'crisis'. No me toca, no siento nada, pero, eso sí, ¡cómo de cargante el darse cuenta de que los prójimos se lo tragan y se creen que algo decisivo está pasando! Ese es el miedo de los que creen que tienen algo que perder. Nosotros por acá abajo nos desentendemos sin más de entretenernos más con sus crisis.

miércoles, 18 de abril de 2012

Redención



–Así que a celebrar por ahí las Páscuas. –Bueno, mujer, no exageres: las vacaciones. –Ya: y ¿cómo andan por esos barrios? –Pues, ¿cómo quieres?: Todo fiestas y ruidos y revoleos, al son de las procesiones, cuando salen, y, si no, a otras músicas y ruidos, vinos, flores… Ya sabes. –Ya sé: celebrando en grande la Pasión. –¿La Pasión? ¿Qué dices tú, Nerisa? –Ni te acordabas ya, Terele, de que la Semana Santa era por eso, por la pasión y muerte de Jesús. –¿Cómo no voy a acordarme? Pero eso… ¿qué pasa? ¿Te has vuelto ahora religiosa? –No; pero, con tanta bambolla y barullo, me ha dado por pensar que qué poco debe de quedar de compasión entre la gente. –¿Qué?: ¿Querías que fuese como en tiempos de la abuela, que dice que las mujeres lloraban por las calles al pasar los pasos de la Pasión? –No sé lo que quiero, pero eso que ahí estaba pasando era algo serio: era nuestra redención. –¿Redención? ¿Qué era eso, sabihonda? –Pues era, dicen, que es que nos habían vendido.. –¿Vendido? ¿A quién? –Pues ¿a quién va a ser?: al dinero, al que puede. –Y, ¿qué? –Pues que esto de la pasión era para descomprarnos. –¿Cómo? –Haciéndonos sentir en carne qué es eso del dinero. –¿Qué es? –La muerte. –¿Eh? –El futuro de cada uno. –Y ya con sentir eso… –Ya con eso librarnos del trato, deshacer la venta de las almas: eso es redención. ...¿Que de eso nos lavaban las lágrimas de la compasión? –Puede. Pero, a lo que se ve por la feria, las cosas no han ido por ahí, ¿verdá, Terele? –Me parece, Nerisa, que me estás haciendo cosquillas en la oreja. –Pues cuelgo, prima, no se te vaya a meter alguna larvita de desengaño por el caracol.
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¡Que se declare y se sienta bien claro lo que es esta condena al dinero, a la vida privada del señor hombre y su señora hombre y a la economía justiciera del estado-capital que los fabrica, que quiere que valga para todas sus crías y para cualquier criatura, como si no hubiera otra!
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Por cierto, que me he dado cuenta de la relación de la falta de compasión "que se ve por la feria" con la creencia en la libertad personal o por lo menos con la proclamación y la afirmación a cada paso y a todas horas de esa libertad (¿será eso la creencia*: sostenella y no enmendalla sin asomo de razón? Supongo que va junto con "doctores tiene la Iglesia", que sirve para no permitirse cuestionar nada), de que "si te pasa eso, es porque quieres", "de tí depende", "tú eres muy dueña de...", "si trabaja en eso, es porque quiere", y puede llegar a oírse que Jesucristo se metió en aquello por su propia voluntad (que "se dejó apiolar por santurrón" como decía aquel), por su libre culpa: como tenía un nombre propio, pues ya está. Que cada quien es cada quien, vamos (qué querrá decir eso?), que no hay más que acatar el ideal, aplicarlo por doquier, y ni sentimientos ni razones. 
¿Os dais cuenta vosotros también de cómo elimina cualquier compasión esa fe en la libertad de cada uno, esa idea salvadora del señor, que no puede permitirse sentir con otro, y cómo sale al paso de esa tentación al momento? ¿Quién sería uno, si no? Te la aplican aquí sin compasión, en cuanto barruntan que sufres algo o por algo; pueden incluso decirte que sufres porque quieres, porque hay remedios o filosofías de sobra para no sufrir y no las estás usando, y condenan el sufrimiento, lo condenan a ser algo así como una enfermedad tuya, nada de que pueda sufrirse en común y no en particular. Terrible!
Supongo que  es por eso que la simpatía o compasión queda reducida para muchos, por ejemplo, a algunos casos del reino animal... (¡pero los hay que piden derechos para ellos, como si fueran unos sin-papeles cualesquiera!) porque no se entiende cómo la imposición del ideal del hombre libre pesa sobre la gente  en cuanto nos ponen el nombre del muerto futuro, condenándonos a la guerra, a la división, a la venta y a no ser capaces de sacudir el yugo, que es ese ideal de que yo soy ése. Pero no soy ése, no.  Seas quien seas tú, oh ente autónomo último, ¡sacúdetela tu cruz! 

*pensando más en eso de la creencia, de la fe, mayoritaria, que me da mucho que pensar, y recordando lo que decíamos de que es un saber, se diría que lo primero es un saber (y un terror) de las violentas prácticas del mundo, de lo que reina en la justicia, en la literatura y en las demás istituciones y tratos o maltratos que se hacen pasar como lo normal o real, y luego una justificación de eso: si nos tratan así es porque somos así, y ya se inventa la naturaleza  humana y tal y cual, y la naturaleza toda con ella.
 Así que el hallazgo de la incertidumbre (esa clara incertidumbre de lo que me pasa a mí y a cualquier cosa conmigo) o el hallazgo de lo que hay fuera del tiempo (real, pretendidamente natural), de AHORA sin medida ni fin, es un hallazgo precioso, junto con éste de la razón común. 

¡Salud! ¡y que viva la comuna!

viernes, 2 de marzo de 2012

LA VOZ DE NADIE - Granada, octubre de 2011


El movimiento popular de mayo ha sacado a la luz pública la cara de la crisis que permanecía oculta: la crisis política, que también podemos llamar crisis de la democracia, o crisis de la representación.
Desde entonces seguimos dándole la vuelta a la moneda (falsa) de la crisis, y descubriendo su otra cara. Aunque en realidad, la crisis de la representación tiene muchas caras. Tan solo hay que llegar y, sin más, sacar a la luz alguna de ellas.

Tal que así:

Llegaron los de abajo y le dijeron al de arriba: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Llegó el pueblo y le dijo al presidente del gobierno democrático: «¡Que no, que no, que no me representas!»
Llegaron los afectados por la crisis y le dijeron al jefe del partido de la oposición: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Llegaron los trabajadores y le dijeron al jefe del sindicato: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Llegaron los estudiantes y le dijeron al ministro de Educación: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Llegaron las mujeres y le dijeron al Hombre: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Llegaron los niños y le dijeron al adulto: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Resucitaron los muertos de la carretera y le dijeron al ministro de Fomento: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Llegaron los valientes y le dijeron al general: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Llegó el Cuerno de la Abundancia y le dijo al multimillonario: «¡Que no, que no, que no me representas!»
Llegó el sentido común en persona y le dijo al filósofo renombrado: «¡Que no, que no, que no me representas!»
Llegó razonando la razón y le dijo al prestigioso científico: «¡Que no, que no, que no me representas!»
Llegaron cantando las musas y le dijeron al Nobel de Literatura: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Llegó volando una bandada de pájaros retando al pintor: «¡A que no, a que no, a que no nos representas!»
Llegaron los acampados y le dijeron al fotógrafo de prensa: «¡Que no, que no, que no nos representas!»
Llegó el verbo encarnado y le dijo al Papa: «¡Que no, que no, que no me representas!»
Llegó un niño jugando a la pelota y le dijo a los campeones del mundo: «¡Que no, que no, que no me representáis!»
Y así podríamos seguir interminablemente; solo que entonces, ¿a quién representan los representantes? Pues está muy claro:
Llegó el dinero y le dijo al banquero: «¡Que sí, que sí, que sí me representas!»
Llegaron los poderosos y le dijeron al político: «¡Que sí, que sí, que sí nos representas!»
Llegó la mentira y le dijo al director del periódico: «¡Que sí, que sí, que sí me representas!»
Llegó la mayoría y le dijo al representante elegido democráticamente: «¡Que sí, que sí, que sí me representas!»
Llegó la caradura y le dijo al corrupto: «¡Que sí, que sí, que sí me representas!»
Llegó la miseria y le dijo al economista: «¡Que sí, que sí, que sí me representas!»
Llegó el miedo y le dijo al mafioso: «¡Que sí, que sí, que sí me representas!»
Llegó la estupidez y le dijo al presentador de televisión: «¡Que sí, que sí, que sí me representas!»
Y así interminablemente también. ¿Quién puede ponerle límites a la crisis de la representación?

Pero claro, también podemos decir, para no cerrar en falso, y para no hacernos demasiadas ilusiones, algo como esto:

Llegó otra vez el pueblo y le dijo al Movimiento 15­M: «¡Que no, que no, que no me representas!»
Y es que los que contradicen a los representantes del Poder no pueden ellos estar libres de contradicción.
Ni el abajo firmante tampoco. Lo que no impide seguir haciendo pública, si eso fuera posible, una voz popular, o sea, una voz que contradiga lo que dicen los poderosos, o que diga lo que ellos callan.
Voz de nadie, por ser de cualquiera.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Sobre la huelga General

Ha resucitado en las últimas asambleas la posibilidad de una huelga general, como se ha oído decir, “indefinida”. Una distinción muy clara se hacía ya en este texto de Walter Benjamin entre dos tipos de huelga general: sería útil aprovechar la claridad de esta exposición de Benjamin para los próximos debates, por lo que os recomendamos la lectura atenta de estas líneas, que la verdad es que no tiene desperdicio. En este ensayo, titulado Para la crítica de la violencia (trad. al español de A. Murena), describe la violencia a la vez como creadora y conservadora de derecho, trata de las formas que adopta (militarismo, policía, y violencia mítica y divina), y también encuentra, como opuestos a ella, lo que llama “medios puros” (libres de violencia): la lengua común de la gente, es decir, “la conversación considerada como técnica de entendimiento civil”, y un tipo de huelga que, como se oía hoy, es “para no volver”, “indefinida” en el sentido de sin fin, distinta de otras (las que conocemos) que usan la extorsión para conseguir unos fines.
Si os parece de interés y tenéis medios, procurad que se difunda este razonamiento lo más posible. Salud!

“A continuación definiremos dos tipos esenciales de huelga, cuya posibilidad ya ha sido examinada. El mérito de haberlos diferenciado por primera vez (más sobre la base de consideraciones políticas que sobre consideraciones puramente teóricas) le corresponde a Sorel*. Sorel opone estos dos tipos de huelga como Huelga General Política y Huelga General Revolucionaria. Ambas son antitéticas incluso en relación con la violencia. De los partidarios de la primera se puede decir que “el reforzamiento del Estado se halla en la base de todas sus concepciones; en sus organizaciones actuales los políticos (es decir, los socialistas moderados) preparan ya las bases de un poder fuerte, centralizado y disciplinado, que no se dejará perturbar por las críticas de la oposición, que sabrá imponer el silencio, y promulgará por decreto sus propias mentiras.” “La huelga general política nos muestra que el Estado no perdería nada de su fuerza, que el poder pasaría de privilegiados a otros privilegiados, que la masa de los productores cambiaría sus patrones.” Frente a esta huelga general política (cuya fórmula parece, por lo demás, la misma que la de la pasada revolución alemana), la huelga proletaria se plantea como único objetivo la destrucción del poder del Estado. La huelga general revolucionaria  “suprime todas las consecuencias ideológicas de cualquier política social posible; sus partidarios consideran como reformas burguesas incluso a las reformas más populares.” “Esta huelga general muestra claramente su indiferencia respecto a las ventajas materiales de la conquista, en cuanto declara querer suprimir al Estado; y el Estado era precisamente… la razón de ser de los grupos dominantes, que sacan provecho de todas las empresas de las que el conjunto de la sociedad debe soportar los gastos.” Mientras la primera forma de suspensión del trabajo es violencia, pues determina sólo una modificación extrínseca de las condiciones de trabajo, la segunda, como medio puro, está exenta de violencia; porque ésta no se produce con la disposición de retomar (tras concesiones exteriores y algunas modificaciones en las condiciones laborales) el trabajo anterior, sino con la decisión de retomar sólo un trabajo enteramente cambiado, un trabajo no impuesto por el Estado, inversión que este tipo de huelga no tanto provoca sino que realiza directamente. De ello se desprende que la primera de estas empresas da existencia a un derecho, mientras que la segunda es anárquica. Apoyándose en observaciones ocasionales de Marx, Sorel rechaza toda clase de programas, utopías y, en suma, creaciones jurídicas para el movimiento revolucionario: “con la huelga general todas estas bellas cosas desaparecen; la revolución se presenta como una revuelta pura y simple, y no hay ya lugar para los sociólogos, para los amantes de las reformas sociales o para los intelectuales que han elegido la profesión de pensar por el proletariado.” A esta concepción profunda, moral y claramente revolucionaria no se le puede oponer un razonamiento destinado a calificar como violencia esta huelga general a causa de sus eventuales consecuencias catastróficas, incluso si puede decirse con razón que la economía actual en conjunto se asemeja menos a una locomotora que se detiene porque el maquinista la abandona que a una fiera que se precipita apenas el domador le vuelve las espaldas, queda además el hecho de que respecto a la violencia de una acción se puede juzgar tan poco a partir de sus efectos como a partir de sus fines, y que sólo es posible hacerlo a partir de las leyes de sus medios. Es obvio que el poder del Estado, que atiende sólo a las consecuencias, se oponga a esta huelga (y no a las huelgas parciales, en general efectivamente extorsionadoras) como una pretendida violencia. Pero, por lo demás, Sorel ha demostrado con argumentos muy agudos que una concepción así rigurosa de la huelga general resulta de por sí apta para reducir el empleo efectivo de la violencia en las revoluciones.”

*Sorel, Réflexion sur la violence.

martes, 21 de febrero de 2012

Una tonadilla


... que me salía al hilo de las palabras que se escuchan en asambleas y así!

“Canalizar el descontento!” 

Joder! 

Y si se sale del canal? 

Qué hay que meterlo en vereda, o qué? Hay que hacer, hay que hacer! Qué, padre?

[Y ay! también de los pre-senti-mientos de los otros!]

Pero tú? Qué dices tú?

 

Habla tú niño, sin pre- sin –zación,

ni canal-, ni dinámica ni móvil-,

ni -visión, ni -conización…

tampoco –ficación ni –cracia, 

sin colectivos, ni grupos de trabajo,

sin – espacios, sin –misión, ni comisión,

sin debate formativo, implicación,

-ción, y sin órgano, y sin evaluación!

Y menos, menos aún , legitimación!

Sin “solidar…”, sin con-solidar.

Y sin per-, sin per- - vive Dios!-

sin ‘perspectivas de lluita’ y acción!

Ay!

Me diréis “¿por qué?” o ¿qué nos queda

si nos quitamos ese tanto hablar así?

Pues queda esto: que no haiga escuela!